Ni Atocha, ni Canfranc: una de las estaciones de trenes más bonitas de España es uno de los símbolos de Barcelona

Las estaciones de tren se han convertido en agentes fundamentales tanto en la movilidad urbana como interurbana en España, ya que cada día millones de personas que viven en las grandes ciudades del territorio español, como Madrid o Barcelona, pasan por ellas para realizar sus viajes. Eso sí, hay algunas que no son simples intercambiadores, sino que son verdaderas maravillas arquitectónicas que destacan por su belleza.

Algunas estaciones españolas se encuentran entre las más asombrosas del planeta, como la de Canfranc en Huesca o la de Atocha en la ciudad madrileña, pero la realidad es que la más bonita de todas se ubica en la ciudad de Barcelona, y no es otra que la estación de Francia. Este sublime increíble apeadero no solo presta servicio a muchísimos habitantes de la capital de Cataluña, sino que se ha convertido en todo un símbolo de la metrópoli gracias a su espléndido diseño.

La Estación de Francia en Barcelona

La estación de Francia es la segunda más grande de Barcelona, por detrás de la de Sants, y tiene servicio tanto de Rodalies como de Media Distancia. Enclavada entre los barrios de La Barceloneta y el Born (en el mismo emplazamiento en el que había una anterior), sirve de separación entre las dos zonas y está ubicada junto a uno de los pulmones verdes de la urbe, el Parque de la Ciutadella, lo que ha ayudado a la estación a convertirse en un icono.

Tiene casi un siglo de historia, ya que fue inaugurada en 1929 por el rey Alfonso XIII con motivo de la Exposición Internacional de Barcelona de dicho año, y desde entonces han pasado por ella millones de viajeros, los cuales han pasado por su magnífico vestíbulo novecentista rematado por tres grandes cúpulas diseñado por Duran i Reynals en el que el mármol es uno de los principales protagonistas.

En la segunda parte de la estación de Francia se encuentra la docena de vías que tiene el intercambiador, las cuales están cubiertas por una marquesina cristalina y una estructura de hierro de estilo modernista que amplifica aún más esa sensación de grandeza. Obra del arquitecto Pedro Muguruza y del ingeniero Andreu Muntaner, llegó a prestar servicio entre la ‘Ciudad Condal’ y París en el siglo XX.

Hasta el año 1988 fue conocida como la estación de Barcelona-Término, y tras los Juegos Olímpicos de 1992, pasó de ser un enclave fundamental en la infraestructura ferroviaria de Cataluña a tener un papel menos clave en dicho sector, pero ganó mucho peso en otro sentido: además de su valor histórico y patrimonial, también se realizan en ella varias actividades, ferias y exposiciones, que afianzan su importancia cultural.