Los paseos marítimos más agradables de España
Cuando por fin, después de todo un año esperando unas vacaciones junto al mar, se llega a la costa, cuesta mucho alejarse de ella. Por eso, después de un día de playa, todavía apetece notar la brisa y alargar la jornada con un paseo en el que el agua sigue siempre presente.
Además, tenemos la suerte de contar con algunos de los paseos marítimos más bonitos y, entre todos ellos, siempre hay uno que encaja mejor con cada estilo o con lo que apetece en ese momento. Estos seis recorridos demuestran que cada ciudad entiende de una manera diferente ese plan tan sencillo y tan veraniego como comprar un helado y echar a andar junto a los tuyos.
San Sebastián, la opción más elegante
Hay paseos marítimos bonitos y después está el de La Concha, uno de esos lugares en los que la ciudad y el mar parecen haberse puesto de acuerdo. La bahía, protegida por los montes Igueldo y Urgull y con la isla de Santa Clara en el centro, crea una estampa casi perfecta que cambia según la luz y la marea.
El recorrido avanza junto a la famosa barandilla blanca, uno de los grandes símbolos de San Sebastián, y permite entender por qué la ciudad se convirtió en destino de veraneo de la aristocracia y la realeza a finales del siglo XIX. El Palacio de Miramar, construido para la reina María Cristina, todavía recuerda aquella época en la que Donostia se consolidó como uno de los destinos más elegantes del norte.
La caminata puede continuar hacia la playa de Ondarreta y terminar junto al Peine del Viento, la obra de Eduardo Chillida que se enfrenta al Cantábrico en uno de los rincones más espectaculares de la ciudad. Un paseo urbano, histórico y señorial que resulta especialmente agradable cuando cae la tarde y el cielo empieza a reflejarse sobre la bahía.
Alicante, el paseo más reconocible
La Explanada de España, con sus más de seis millones de teselas de mármol dibujando ondas en el suelo, como si el mar continuara tierra adentro, junto a sus altas palmeras forman una de las imágenes más conocidas de Alicante.
Su momento más animado al caer la tarde, cuando baja el calor y aparecen puestos de recuerdos y artistas callejeros que lo mismo te pintan un cuadro que te sorprenden con un número de acrobacias. El paseo comienza en la puerta del Mar y termina en el parque de Canalejas, que invita a seguir caminando entre una frondosa vegetación.
Puerto Banús. Pasear, mirar y comentar.
Yates que solo se ven en las revistas, coches cuyo precio tiene demasiadas cifras, tiendas de lujo abiertas hasta la noche (porque nunca se sabe cuándo puede surgir el antojo de comprar un bolso de Dior) y mucho postureo concentrado en un puerto relativamente pequeño. Aquí el sonido del mar se mezcla con los comentarios sobre todo lo que va apareciendo durante el paseo, algo que lo hace más divertido y diferente.
Puerto Banús nació con esa vocación de escaparate y lo consiguió. Fue impulsado por el empresario José Banús e inaugurado en 1970 como una marina de lujo que combinaba las comodidades de un gran puerto deportivo con la apariencia de un pueblo mediterráneo de calles blancas, jardines y edificios bajos. A aquella apertura acudieron más de 1.500 invitados, entre ellos miembros de la realeza y figuras internacionales, dejando claro desde el principio el tipo de destino que aspiraba a ser.
Durante los años noventa, con Marbella convertida en uno de los grandes focos de la prensa social, Puerto Banús terminó de consolidarse como lugar de encuentro de famosos, empresarios y fortunas internacionales. Aunque su época dorada ya pasó, su espíritu sigue igual de vivo y recorrer sus calles sigue siendo igual de entretenido.
Lanzarote. Para los que siempre quieren un poco más
La isla canaria presume de contar con el paseo marítimo más largo de Europa, un corredor litoral de unos 26,6 kilómetros que une Costa Teguise con Puerto del Carmen pasando por Arrecife y Playa Honda.
A lo largo del camino se suceden playas urbanas, pequeñas calas, puertos, terrazas y tramos abiertos en los que el paisaje volcánico llega casi hasta el agua, es decir, algunos de los lugares más destacados de la isla. El contraste entre la roca negra, las casas blancas y el azul intenso del Atlántico hace que cada tramo tenga una imagen distinta y un aliciente más seguir caminando o saber que se tiene que regresar al día siguiente y continuar donde se ha dejado.
Castro Urdiales. Con la postal perfecta al fondo
En este pueblo cántabro, el paseo marítimo es una de sus joyas más preciadas. La bahía, el puerto y los jardines crean un recorrido agradable desde la mañana a la noche. Y es que, a medida que cambia la luz, la piedra de su castillo, el agua y las fachadas van dejando diferentes imágenes.
La iglesia de Santa María de la Asunción, el castillo-faro de Santa Ana, el puente medieval y la ermita de Santa Ana forman un conjunto monumental que convierte este tramo de costa en uno de los paseos junto al mar más especiales.
Los callejones del casco viejo alojan gran parte de los restaurantes y bares de la ciudad, el lugar ideal para coger fuerzas antes del paso con algunos de los productos estrella de la zona.
De S’Agaró a Sa Conca. Historia y naturaleza de la mano
Todo el Camino de Ronda de la Costa Brava merece la pena, pero el tramo que une S’Agaró con la playa de Sa Conca tiene algo especial, tanto que siempre resulta elegido como uno de los más bonitos y atractivos. El sendero avanza junto al mar entre pinos, calas, acantilados y miradores, pero lo hace también al borde de villas señoriales y jardines que aportan al recorrido una elegancia poco habitual.
El camino está bien acondicionado y permite disfrutar del paisaje sin afrontar una ruta especialmente exigente. A cada curva aparecen pequeñas plataformas frente al Mediterráneo, escaleras excavadas en la roca y rincones desde los que detenerse a mirar cómo el agua cambia de tono, como el Mirador de la Punta d’en Pau o el templete de las columnas.
El final en Sa Conca pone la recompensa perfecta: una playa amplia, de aguas transparentes y protegida por el entorno. Un paseo que mezcla naturaleza, arquitectura y mar y que demuestra que, a veces, caminar junto a la costa puede ser el mejor plan de todo el día.