La ruta por el norte de Gales que todo fan de ‘La casa del dragón’ querrá hacer este verano
Si eres de los que han contado los días para ver la nueva temporada de La casa del dragón, o de quienes se han ventilado varios capítulos casi sin respirar, el destino de tus próximas vacaciones está bastante claro: el norte de Gales. La precuela de Juego de Tronos, centrada en la Casa Targaryen y en ese linaje de dragones que ya hizo famosa Daenerys, acaba de estrenar temporada y vuelve a poner en el mapa algunos paisajes que creías ficción, pero que están esperando tu llegada.
En la temporada anterior, muchos espectadores miraron el centro histórico de Cáceres con otros ojos al verlo convertido en escenario de la serie. Este verano, la ruta cambia de registro y sube bastante más al norte, hacia un destino más fresco, verde y salvaje. Montañas, acantilados, playas y faros olvidados convierten el norte de Gales en una escapada perfecta para seguir el rastro de los Targaryen y, de paso, descubrir una zona que no necesita dragones para resultar épica.
Un comienzo a todo color
Un buen punto de partida es Portmeirion, un lugar que parece un decorado sin necesidad de efectos especiales. Casas de colores, jardines cuidados, aire mediterráneo y una estética de pueblo italiano plantado en plena costa de Gales lo convierten en una de las paradas más inesperadas de la ruta.
La idea fue del arquitecto Clough Williams-Ellis, que empezó a dar forma a este proyecto en los años veinte con una intención muy clara: demostrar que se podía construir en un entorno natural sin estropearlo. El resultado fue una fantasía arquitectónica que tardó décadas en completarse y que en 2026 celebra su centenario con distintos actos y actividades.
De lleno en la historia
La ruta continúa hacia Dinorwig Quarry, en Llanberis, una enorme cantera de pizarra que es la parada más clara para los fans de La casa del dragón. En la serie se transformó en Harrenhal, uno de los escenarios con más presencia en la historia. Pero incluso sin referencia televisiva el sitio impresiona y es una interesante visita. Sus terrazas de pizarra, sus paredes oscuras y ese aire entre industrial y abandonado tienen la fuerza visual suficiente como para entender por qué fue elegido como escenario.
Además, la zona permite asomarse a una parte muy importante de la historia de Gales. El paisaje de pizarra del noroeste del país forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO y recuerda el peso que tuvo esta industria en la vida de muchas comunidades.
Un castillo de foto
Muy cerca espera el castillo de Caernarfon, donde es fácil inspirarse en historias de fortalezas, linajes y coronas que cambian de mano entre alianzas y luchas. Sus murallas, sus torres poligonales y su posición junto al agua lo convierten en uno de los castillos más impresionantes de Gales. No hace falta forzar demasiado la imaginación para verlo como parte de un universo medieval, aunque su historia real ya sea bastante potente por sí sola.
El plan
Antes de entrar de lleno en Anglesey, merece la pena acercarse a Halen Môn, en la zona de Brynsiencyn, donde la sal marina galesa se convierte en protagonista. Allí se puede probar una de las experiencias más curiosas de la ruta: los baños de algas, un plan mucho más tranquilo que cualquier batalla por el Trono de Hierro y perfecto para respirar con calma antes de seguir con la ruta.
El estrecho de Menai marca la transición hacia la isla. Este brazo de mar separa Anglesey del continente y ofrece una de las imágenes más bonitas del recorrido. Las excursiones en lancha permiten ver la zona desde otra perspectiva y acercarse a rincones que desde tierra pasan más desapercibidos.
La ansiada Anglesey
La isla de Anglesey, aunque no muy conocida, tiene potencial para convertirse en tu lugar preferido del verano. Playas amplias, altos acantilados, faros olvidados, caminos que bordean la salvaje costa y paisajes que te llevan de una historia a otro a golpe de olas. Su sendero costero, de más de 200 kilómetros, rodea la isla y permite descubrir iglesias medievales, antiguas minas de cobre, pequeños pueblos y miradores donde no cuesta nada imaginar un dragón cruzando el cielo.
La ruta puede terminar en Rhosneigr, una localidad costera muy vinculada a los deportes acuáticos y al ambiente de playa. Así, no es de extrañar que se haya convertido en uno de los destinos más codiciados del norte de Gales. Después de pueblos de fantasía, canteras de pizarra, fortalezas y paisajes de aire guerrero, toca relajarse mirando al mar.