Entre el mito y la realidad: un recorrido tras los pasos de Odiseo por el Mediterráneo

La ruta de Odiseo, narrada por Homero en la Odisea, es uno de los viajes más fascinantes jamás contados: un periplo de diez años por las aguas del Mediterráneo en el que héroes, monstruos y dioses se entrelazan con paisajes reales. Así, seguimos los pasos del legendario rey de Ítaca en su regreso a casa después de la guerra de Troya y nos embarcamos en una aventura que nos permite recorrer páginas de la historia y la mitología, y que nos hace preguntarnos cuánto hay de mito y cuánto de realidad en el viaje más célebre de la Antigüedad.

La salida de Troya

«Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo, vio las poblaciones y conoció las costumbres de muchos hombres y padeció en su ánimo gran número de trabajos en su navegación por el Ponto, en cuanto procuraba salvar su vida y la vuelta de sus compañeros a la patria», así arranca el poema de la Odisea. Después de estar diez años luchando en Troya, Odiseo emprende su camino de vuelta a su hogar, sin saber que el trayecto le costaría otra década de su vida.

La antigua ciudad de Troya se sitúa en la actual Turquía, formando un sitio arqueológico compuesto por nueve capas principales: la más antigua data de la Edad del Bronce Temprana, y la última de la era romana oriental. Incluida en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, conserva el Templo de Atenea, el complejo de Megaron de Troya II, el Palacio de Príamo de Troya VI, el Santuario de Deméter, el Odeón y el Bouleuterion, de la época romana, en relativamente buenas condiciones.

Al salir de Troya, la primera parada de Odiseo es la ciudad de Ismaro, en la tierra de los cicones, la cual saquean. En la actualidad, esta zona se correspondería a la región histórica de Tracia, en Grecia, entre los ríos Nesto y Evros. Algunos arqueólogos la ubican cerca de la actual localidad de Maronia, donde destacan las ruinas de un espectacular teatro griego. A continuación, el tiempo cambiante de la zona del Cabo Malea y una gran tormenta cerca de la isla de Citera, ambas ubicaciones en Grecia, hizo que los barcos perdiesen el rumbo y se alejasen de su destino.

Cíclopes, dioses y gigantes

Por equivocación llegan a una isla habitada por los Lotófagos, que se asociaría a la actual isla de Djerba, en Túnez. Este enclave impresiona con sus grandes playas de arena blanca y sus ciudades y pueblos de casas encaladas, a lo que se suman construcciones históricas como la Ghriba, la sinagoga más antigua de toda África. La siguiente parada será la isla de los Cíclopes, donde Odiseo deja ciego al cíclope Polifemo, hijo de Poseidón. Los historiados sitúan este episodio mitológico en la costa este de Sicilia, concretamente en la zona cercana al Monte Etna y a los pequeños farallones conocidos como Isole Ciclopi.

La travesía continúa por la actual Sicilia, esta vez por la Isla de Eolo, identificadas identificada con el archipiélago real de las islas Eolias, un territorio de playas paradisíacas, paisajes volcánicos y sitios arqueológicos. Desde allí, Odiseo se aleja aún más de Ítaca, tras usar incorrectamente un regalo de Eolo, el dios de los vientos. Esta vez llegan a la tierra de los lestrigones, un pueblo de gigantes antropófagos. En este caso los historiadores clásicos han discrepado más sobre la posible ubicación de este lugar mitológico, situándolo tanto en el extremo oriental de Sicilia, como en la región de Campania, en la Italia continental, incluso en el sur de la isla francesa de Córcega.

Odiseo no cesa en su intento de volver a casa y su aventura le lleva ahora a la isla de Eea, donde permanecen un año después de que la hechicera Circe convierta a sus hombre en cerdos. La teoría principal sitúa esta ínsula mítica en la isla italiana de Ponza, frente a la costa de Nápoles, un lugar de paisajes salvajes, playas de aguas turquesas y pueblos pesqueros que parecen sacados de una película. La tripulación logra escapar y llega a Cimeria, la antesala al inframundo, un país que Homero sitúa «en los confines del océano». Es posible que se refiriese a Cumas, al oeste de Nápoles, una antigua ciudad de la Magna Grecia.

Infinitos peligros antes de volver a Ítaca

La epopeya continúa con el encuentro con las sirenas en lo que serían las islas de Li Galli, y con Escila y Caribdis, dos monstruos marinos situados en orillas opuestas de un estrecho canal, es decir, el actual estrecho de Mesina, que separa la isla de Sicilia de la península itálica. Y cuando parece que por fin el viaje llega a su fin, en la isla Trinacia (antiguo nombre de Sicilia) la tripulación se come a parte del ganado de Helios, dios del sol. Como castigo, Zeus lanza un rayo y mata a todos los hombres menos a Odiseo.

El héroe llega solo a la isla de Ogigia, donde la ninfa Calipso lo retiene durante 7 años. Los historiadores han propuesto diferentes localizaciones en el Mediterráneo para este lugar, como Gozo (Malta), Othonoi (Grecia) o Perejil, en el estrecho de Gibraltar. Finalmente, consigue retomar el regreso a su hogar y llega a la isla de Esqueria, habitada por lo feacios. Este lugar se asocia con Corfú, uno de los destinos más turísticos de Grecia gracias a sus playas de aguas cristalinas y un casco histórico, el de su capital, declarado como Patrimonio de la Humanidad.

Y por fin, después de diez años de peligros, naufragios y añoranza, Odiseo vuelve a Ítaca. Allí derrota a los pretendientes de su esposa, Penélope, que habían ocupado su palacio, y logra reestablecer la paz en su reino. Aunque los expertos debaten sobre la exactitud de la localización de la patria de este personaje legendario, se suele asociar a la actual Ítaca, una isla griega de paisajes montañosos y pueblos tranquilos en el archipiélago de las Jónicas.