La ciudad de España que podría triplicar su tasa turística a un tipo de viajero

La ciudad de Barcelona fue una de las primeras en España en introducir la tasa turística para los viajeros que pernocten en la urbe. Desde hace 14 años, los principales núcleos de Cataluña obligan a sus visitantes a pagar una tarifa por cada noche que se queden a dormir en ellos, y en la actualidad, y dependiendo del alojamiento que se escoja, dicha cuantía varía entre los 9,50 y los 12 euros.

Una de las tarifas turísticas más altas se aplica a los pasajeros que llegan al centro de Barcelona en crucero, como suele ocurrir en la mayoría de destinos que tienen este tipo de ‘aranceles turísticos’, aunque dicha cantidad podría variar en los próximos meses: sobre la mesa ya hay una posible subida de ese precio que no será precisamente atenuada, ya que se ha planteado hasta triplicar esa tasa para este tipo de viajeros.

Los turistas que llegan a Barcelona en crucero, afectados

Los distintos grupos del Ayuntamiento de Barcelona han propuesto que la actual tasa turística para los pasajeros de cruceros que llegan a ‘La Ciudad Condal’ pase de los 11 euros actuales (6 euros + 5 de recargo municipal) a 30 euros, lo que triplicaría la cuantía actual, algo inaudito en casi cualquier parte de Europa. Eso sí, la propuesta aún debe ser aprobada por el parlamento autonómico para que pueda entrar en vigor.

Eso sí, esta nueva tarifa no se aplicaría a todos los turistas que visiten la ciudad a través de cruceros, sino solo a aquellos que lo hagan en embarcaciones que permanecen menos de 12 horas en la urbe; es decir, los que vayan a pasar más de medio día en Barcelona no tienen que preocuparse de este incremento de la tasa, pero sí aquellos que vayan a estar apenas una mañana o una tarde en la capital de Cataluña.

El objetivo de la propuesta es intentar ‘limitar’ indirectamente la llegada de cruceros de corta duración a la metrópoli, ya que el impacto económico que dejan en los comercios de la urbe es mucho menor respecto a los que permanecen atracados en el puerto de Barcelona durante varios días. Además, dichos pasajeros siguen molestando a los vecinos de la ciudad, pero al no haber una compensación económica que equilibre la balanza, desde el consistorio local han optado por lanzar esta medida, que, a falta de aprobación por la cámara comunitaria catalana, podría suponer un cambio radical en el turismo en la ciudad.