El secreto medieval de Bretaña: una ciudad con uno de los cascos históricos mejor conservados de Europa
Bretaña tiene algo que engancha: ciudades repletas de historia, mercados que huelen a mantequilla y un mar que cambia por completo a lo largo del día. En Vannes todo eso cabe en unas pocas calles y por eso resume a la perfección lo que muchos vienen a buscar a esta región cargada de leyendas.
Esta pequeña ciudad francesa situada al norte de Nantes tiene algo que la hace única y es que su casco histórico es uno de los mejores conservados de Europa. Calles de cuento gracias a ese entramado de madero tan característico y aquí no se trata de casos aislados. Vannes conserva más de dos centenares de casas de entramado, una de las mayores concentraciones de Bretaña después de Rennes.
En ellas se ve la evolución de la ciudad y de sus gustos, siendo, además de muy fotogénicas, un libro de historia abierto. En el siglo XV los comerciantes, orgullosos de su oficio, añaden porches para proteger la tienda y recibir a la clientela bajo techo. En el XVI, con el comercio marítimo en su apogeo, las fachadas ganan color y también añaden algunas esculturas para sumar valor. En el XVII, la cosa se complica y llegan las ordenanzas que limitan los voladizos para ensanchar calles y reducir incendios y muchas casas pierden el vuelo que casi tocaba a la de enfrente. Cambios de la sociedad que se ven reflejados en cada una de las fachadas de la ciudad.
El secreto
¿Por qué Vannes se conservó tan bien? A diferencia de otras ciudades francesas, en Vannes no se abrieron grandes avenidas en los siglos de las grandes reformas. Hubo menos dinero y, con el tiempo, una voluntad clara de proteger el conjunto histórico. También pesó la situación en el Golfo de Morbihan: un laberinto de islotes, corrientes y nieblas que complicaba la llegada. Muchos barcos preferían puertos más seguros y Vannes quedó al margen, lo que en su día se tradujo en un aislamiento, pero hoy agradecemos, ya que así se logró que su corazón medieval sobreviviera.
También la muralla
No solo las fachadas de madera son un recuerdo del pasado, la muralla también puede presumir de su estado de conservación. De la que un día cerró la ciudad al completo, hoy quedan tres cuartas partes. Eso sí, bastante más lejos del mar de lo que estaba cuando se construyó.
Su vecino más ilustre era español
La catedral de San Pedro (que está en fase de restauración) guarda la memoria del dominico San Vicente Ferrer, que murió en Vannes y es patrón de la ciudad. Solo vivió aquí un año, pero fue el tiempo suficiente para dejar una huella que hoy sigue siendo palpable.
Tras su muerte, la llegada de peregrinos y donaciones fue constante por lo que las autoridades decidieron darle un mayor protagonismo y un lugar destacado en la catedral, que hoy sigue siendo uno de los rincones más venerados del templo.
Una visita más
Asómate al palacio de l’Hermine y a los Jardines de las Murallas. El palacio actual, un elegante edificio del siglo XVIII levantado en el solar del antiguo castillo ducal, mira a unos parterres geométricos que son la estampa más cuidada de Vannes. Aquí vivieron y mandaron los duques de Bretaña y hoy es el paseo perfecto para entender ese pasado y disfrutar el momento.