Alsacia y la Selva Negra, un cuento hecho realidad
Érase una vez un bosque tan frondoso que, visto desde el horizonte, parecía negro. Sus infinitos abetos, su misteriosa niebla y el silencio en su ambiente inspiraron leyendas de brujas, hechiceros y todo tipo de criaturas mitológicas. Así nació la Selva Negra o Schwarzwald en alemán (se traduce como ‘bosque negro’), uno de los paisajes más evocadores de Europa.
Aunque su nombre hable de ‘selva’ es un bosque y, aunque su adjetivo sugiera oscuridad, su paisaje es luminoso y amable. El término probablemente proviene de los romanos, que llamaron a estas tierras Silva Nigra por la densidad de sus bosques. Este rincón del suroeste de Alemania es un mosaico de naturaleza, tradición y cultura que conecta y disipa las fronteras de Alemania, Francia y Suiza. Te presentamos el itinerario perfecto para descubrir en una semana esta región junto a Alsacia y el valle del Rin.
Alsacia, pueblos de postal
El viaje comienza en la Alsacia francesa, una región que a lo largo de la historia ha cambiado de manos entre Francia y Alemania. De aquí parte la Ruta de los Vinos de Alsacia, una de las más bellas de Europa por sus recorridos por pueblos medievales sacados de cuento de hadas.
Uno de ellos es Colmar, el que muchos consideran el pueblo de La Bella y la Bestia por sus casas de colores pastel con balcones repletos de flores y los canales que atraviesan el casco antiguo, conocido como La Petite Venise. La magia continúa en pequeños y encantadores pueblos como Riquewihr y Ribeauvillé, donde nacen algunos de los grandes vinos blancos franceses. Es imprescindible degustarlos, brindar con ellos y visitar sus viñedos y bodegas.
Finalmente, la parte de Alsacia culmina en Estrasburgo, una de las ciudades más dinámicas y cosmopolitas de Francia. Representa el equilibrio perfecto entre historia (por su catedral gótica y su centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad) y modernidad (por ser sede del Parlamento Europeo).
Navegando por el Rin
El viaje cambia de ritmo al llegar a Coblenza, conocida como la puerta de entrada al Valle del Rin. Aquí, nos podemos embarcar en un crucero por su tramo más espectacular, en el que avistaremos castillos medievales sobre las colinas y viñedos que descienden hasta casi la orilla. Bacharach es uno de sus pueblos más bellos, y ofrece la imagen clásica de Alemania: calles medievales y un castillo vigilando desde la cima de una gran montaña.
También podemos aprovechar para visitar Frankfurt, con un paisaje muy diferente a lo que llevamos viendo. Aquí predominan los rascacielos. Y, por supuesto, otra parada obligatoria es Heidelberg, la ciudad universitaria alemana por excelencia por albergar la universidad más antigua del país. No es de extrañar que sus calles adoquinadas inspiraran a Ernst Lubitsch para filmar el clásico El príncipe estudiante.
Llegada a la Selva Negra
Finalmente, llegamos a nuestro destino: la Selva Negra. Más de la mitad del territorio que la conforma está protegido como parque natural o reserva de la biosfera.
La ruta atraviesa Friburgo, donde pequeños canales recorren las calles del centro histórico. Desde allí viajamos por carreteras que serpentean entre montañas con bosques de abetos infinitos y llegamos al lago Titisee, de origen glaciar.
Finalizamos el camino en Triberg, donde las cascadas más famosas de Alemania descienden entre la espesura del bosque creando una atmósfera casi mágica. Como añadido para los más atrevidos, el ‘tobogán de la Selva Negra’ o Sommerrodelbahn Todtnau es uno de los planes más divertidos. Descenderás la montaña en un recorrido de casi 3 km en un tobogán. Se encuentra entre Feldberg y Friburgo.