Una de las rutas más apetecibles del verano parte de Calella de Palafrugell y este es el recorrido

La Costa Brava es uno de los destinos más solicitados cada verano. Paisaje mediterráneo, ambiente inspirador marcado por el recuerdo de grandes artistas, pueblos llenos de encanto y calas de postal son algunos de sus grandes reclamos. Y, entre todos los pueblos que salpican este tramo del litoral, Calella de Palafrugell es uno de los preferidos.

Antiguas casas de pescadores, pequeñas playas, barcas sobre la arena y calles blancas forman una imagen que ha conseguido mantener buena parte de su esencia pese a ser uno de los destinos más conocidos de Girona. Sus encantos son muchos y variados. Unos se quedarán con el entorno de Port Bo, otros destacarán sus características arcadas frente al mar, mientras que muchos siguen soñando con aquel paseo junto a playas como Canadell o Port Pelegrí.

Pero Calella no termina en sus calles ni en sus calas. Por aquí pasa también uno de los tramos más bonitos del Camino de Ronda, el histórico sendero que recorre buena parte del litoral de la Costa Brava pegado al Mediterráneo.

De Calella a Tamariu

El tramo que parte desde Calella de Palafrugell llega hasta Tamariu en un recorrido de alrededor de siete kilómetros que pasa por Llafranc y el cabo de Sant Sebastià. No es una ruta especialmente larga, pero sí tiene algunos tramos de subida y bajada, por lo que conviene llevar buen calzado, agua y no olvidar el bañador ya que se pueden hacer tantas paradas como playas bonitas van apareciendo.

El premio está prácticamente desde el primer paso: pequeñas calas, pinares que llegan casi hasta el agua, miradores en los que hacerse la foto de recuerdo y algunos de los pueblos marineros más bonitos de esta parte de Girona van apareciendo durante el camino.

Primera parada: Llafranc

Desde Calella, el Camino de Ronda avanza junto al mar hasta Llafranc, en uno de los tramos más sencillos y agradecidos de toda la ruta. El paseo bordea pequeñas calas, pasa junto a casas que miran directamente al Mediterráneo y termina en este elegante núcleo costero, perfecto para hacer una primera parada frente a su paseo marítimo.

Subida hasta Sant Sebastià

A partir de Llafranc el camino gana altura hasta alcanzar el cabo de Sant Sebastià. El esfuerzo merece la pena porque aquí se encuentra uno de los mejores miradores de la zona, con el faro como referencia y una panorámica abierta sobre el litoral.

Cala Pedrosa, el tramo más salvaje

Desde Sant Sebastià el sendero se vuelve algo más exigente y el paisaje cambia. El camino atraviesa zonas de bosque y desciende hacia Cala Pedrosa, una pequeña cala de piedras escondida entre la vegetación. No es la típica playa cómoda para pasar horas, pero sí uno de los rincones más especiales del recorrido.

Final en Tamariu

El último tramo lleva hasta Tamariu, otro de los pueblos más bonitos de esta parte de la Costa Brava. Su playa, rodeada de casas blancas y restaurantes frente al mar, es el final perfecto para la ruta. Aquí ya solo queda decidir si toca baño, comida o ambas cosas antes de pensar en la vuelta.