Una boda medieval y un banquete con las setas como protagonistas: el plan más completo está en este pueblo de Zaragoza
Corría el año 1170 cuando Alfonso VIII de Castilla y Leonor Plantagenet, hija de Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania, unieron sus destinos en un matrimonio que tenía mucho más de estrategia política que de historia de amor. Ella apenas tenía diez años y él catorce, pero el enlace reunió a nobles, prelados y cortesanos llegados de distintos territorios y convirtió durante varios días el lugar elegido para la celebración en uno de los grandes escenarios de la política medieval.
Ocho siglos después, Tarazona no se limita a recordar aquel episodio, lo sigue celebrando a lo grande. El próximo 11 de octubre, la ciudad aragonesa volverá al siglo XII con «Amor en tierra de frontera», una recreación histórica de aquellos desposorios que recorrerá parte de su casco antiguo y recuperará algunos de los escenarios directamente vinculados con la historia.
Del medievo a la actualidad
Uno de los grandes atractivos de esta recreación que ya lleva varios años celebrándose es que los momentos clave se sitúan en el lugar exacto en el que ocurrieron. El recorrido atraviesa el casco histórico y se detiene en dos lugares directamente ligados a aquel enlace: la iglesia de Santa María Magdalena, donde se celebró el matrimonio, y el actual Palacio Episcopal, que entonces era la antigua Zuda o castillo de la ciudad.
Este último merece una visita con algo más de calma o lo que es lo mismo, regresar cuando la fiesta termine para poder conocer su historia y recrearse con cada detalle. Levantado sobre la antigua fortaleza musulmana, el edificio fue después castillo cristiano y terminó convertido en sede episcopal, una evolución que todavía puede seguirse a través de sus distintas estancias.
Entre sus grandes atractivos se encuentra la escalera renacentista y su cúpula, recientemente restauradas, mientras que los trabajos que continúan en la zona noble siguen sacando a la luz pinturas murales y otros elementos que permitirán ampliar el recorrido en el futuro. En los últimos meses, además, ha ampliado los espacios abiertos al público, incorporando las antiguas caballerizas medievales, parte de la zona residencial y administrativa y nuevos contenidos en los calabozos, que se visitan con guía.
Y aún queda ciudad por descubrir
El cortejo real recorre algunos de los lugares más destacados de Tarazona, pero no son los únicos que merecen una parada. Aunque no forme parte del escenario de aquella boda, la Catedral de Santa María de la Huerta es una de las grandes joyas de la ciudad. En ella se mezclan el gótico, el Renacimiento y una importante huella mudéjar, especialmente visible en su torre, su cimborrio y, sobre todo, en el claustro, considerado una de las grandes obras finales del mudéjar aragonés. Muy diferente, pero igual de sorprendente, es la Plaza de Toros Vieja: un recinto octogonal construido entre 1790 y 1792 y formado por 32 viviendas dispuestas alrededor del antiguo coso.
Que empiece el banquete
Pero no hay que olvidar que hemos venido a una boda. Y si hubo algo importante en las celebraciones de entonces y sigue siéndolo en las de ahora, fue el banquete. En esta época del año, además, hay un ingrediente que se convierte en protagonista indiscutible en los alrededores de Tarazona: las setas. A pocos kilómetros, San Martín de la Virgen del Moncayo lleva desde 2003 haciendo de la micología uno de sus grandes atractivos otoñales, con jornadas que combinan salidas al campo, talleres, degustaciones y propuestas gastronómicas.
La excusa sirve también para acercarse al Parque Natural del Moncayo, cuyos bosques de pinos, encinas y robles viven en otoño uno de sus momentos más especiales. Un broche de oro a una escapada de lo más completa.