Un paseo por Bruselas entre el ‘art nouveau’ y el ‘art déco’
Todo el que visita Bruselas se queda asombrado con la belleza de la Grand Place, para muchos, la plaza más bonita del mundo. Buscar al pequeño Manneken-Pis o subir al Atomium son otros de los clásicos en la capital belga, pero esto no es lo único que tiene que ofrecer. Su arquitectura recorre varios estilos por lo que sus calles son un libro abierto para los amantes del diseño y la historia.
Con más de 200 edificios catalogados como art nouveau, Bruselas presume de ser la capital de este estilo arquitectónico que nació a finales del siglo XIX y que se caracteriza por el uso de tonos claros, ricas decoraciones y líneas curvas que aportan movimiento. Más allá de la decoración, el art nouveau introdujo una forma nueva de concebir el espacio: estructuras de hierro visibles, escaleras que se convertían en protagonistas y una integración total entre arquitectura y mobiliario.
Los mejores ejemplos
El Hôtel Tassel, construido entre 1892 y 1893, es considerado el primer edificio de estilo art nouveau y, como no, está en Bruselas. El arquitecto fue Victor Horta, abanderado de este movimiento y uno de los grandes referentes a la hora de entender el art nouveau. De hecho, el museo que lleva su nombre es uno de los lugares imprescindibles para quienes quieran saber más sobre este movimiento que pronto se extendió por toda Europa.
Edificios art nouveau hay en muchos países, pero es en Bruselas donde se concentran más edificios diseñados bajo este estilo. La Casa Solvay, obra de Horta, por supuesto, es uno de los mejores ejemplos y, sobre todo, más completos. El arquitecto diseñó tanto el edificio como todo el mobiliario, vigilando hasta el más mínimo detalle y dejando así una maravilla que se puede visitar. La casa Tassel, la fachada del número 71 de Defacqz o la casa Hannon están en la lista de las más hermosas de la ciudad.
Cambio de estilo
Después de la Primera Guerra Mundial un nuevo movimiento se impuso tanto en el arte como en la arquitectura. Se impusieron las formas más geométricas, líneas más sobrias y la armonía como base de cualquier proyecto. Así, el art déco se impuso, y lo hizo con tanta fuerza que no solo nos quedan ejemplos de casas de particulares, también de edificios religiosos como la basílica del Sagrado Corazón de Koekelberg. Además de la belleza de su interior, en el que se incluyen dos museos, las vistas sobre la ciudad son impresionantes.
Otro buen ejemplo, que también está en la lista de imprescindibles de la ciudad es el Museo de Bellas Artes (Bozar). También es obra de Horta, aunque aquí no sea tan fácil reconocerle como en sus primeras obras.
Una última visita podría ser Villa Empain. Un diseño de los años 30 en el que destacan sus amplios espacios y sus grandes ventanales y que hoy alberga la Fundación Boghossian, quienes organizan interesantes exposiciones.