Tu mejor compañero de viaje: tú mismo

La tendencia de viajar sin compañía no es individualismo sino, más bien, la respuesta a la falta de coordinación de agendas con amigos, pareja y familia. Es también una manera inteligente de no malgastar tiempo en planes que nos resultan ajenos. Y es un lujo asequible: el de ser dueño del tiempo con la persona más importante. Uno mismo.

Cádiz

Si prefieres estar solo pero en buena compañía, Cádiz es el lugar. En ‘la ciudad más antigua de Occidente’ la soledad es un concepto bastante relativo. El carácter abierto de los gaditanos convierte cualquier barra en La Viña, El Mentidero o en el rincón gastronómico del Mercado, en un foro de debate espontáneo. Igual ocurre en el resto de la provincia, sobre todo en la zona costera, con playas kilométricas en las que perderte en soledad (relativa) y disfrutar de los deportes más trepidantes.

Una buena idea: los paseos sin rumbo ni tiempo por arenales como Valdevaqueros, Bolonia, Zahora, El Palmar, La Barrosa o Campo Soto.

Hamburgo (Alemania)

Arte urbano, vida en la calle y noche, mucha noche: Hamburgo rompe el estereotipo de frialdad germánica. Esta metrópolis portuaria late con una intensidad que facilita la conexión social. En barrios como St. Pauli y su mítica calle Reeperbahn, con decenas de desprejuiciados clubes de música en directo, es imposible no terminar compartiendo una cerveza con locales o/y visitantes. Un ambiente desinhibido, seguro y muy divertido, ideal para quien prefiera viajar solo y sin ataduras de horarios.

Una buena idea: hacer un tour guiado por el puerto o el antiguo barrio de almacenes Speicherstadt, por ejemplo, con GetYourGuide y visitando el rompedor edificio de la Filarmónica (Elbphilarmonie).

Liubliana (Eslovenia)

Esta capital parece hecha a medida del peatón. Pequeña, tranquila, acogedora y, sin duda, muy segura. El río Ljubljanica, atravesado por sus puentes históricos y con las orillas repletas de terrazas, es el epicentro del buen ambiente que la caracteriza. Una ciudad que rebosa cultura en sus cafés, museos y galerías y donde pararse a observar lo que (y quien) pasa por cualquiera de sus calles y plazas es una actividad tan recomendable como amena. También lo es subir al castillo en el moderno funicular o a pie (mejor), por el parque que lo rodea, con espectaculares vistas a la ciudad y, a lo lejos, los Alpes Julianos.

Una buena idea: WeRoad, agencia que organiza viajes en grupo para personas individuales, tiene varias rutas por Eslovenia y su capital.

Edimburgo (Reino Unido)

Si te apasiona el misterio y la historia, la capital escocesa envuelve a quien la visita en una atmósfera casi literaria. Caminar en solitario por los closes (callejones) de la Royal Mile o subir a Arthur’s Seat para ver el atardecer son experiencias que se disfrutan mucho más a solas y en silencio. Y los pubs son auténticos centros de relación social entre sus habitantes y quienes vienen a visitarlos. Sentarse en uno de ellos, pedir un buen whisky (‘scotish’, por supuesto) suele ser la invitación para una charla con locales o foráneos. Por supuesto, amenizado por los sones de música folk en directo. Aquí tienes toda la independencia del mundo, pero la compañía está a solo un hello de distancia.

Una buena idea: la plataforma Huakai que pone en contacto a personas con intereses similares, ofrece divertidos viajes a la capital escocesa.

Malta

Este país/archipiélago se maneja con una facilidad asombrosa. Su tamaño permite que, en un mismo día, puedas explorar los baluartes de La Valeta, perderte en la historia y arte de Mdina o bañarte en las aguas de Gozo, sin tener que planificarlo con mucha antelación ni dejarte el presupuesto en ello. Malta desprende cosmopolitismo y, para el viajero solitario, supone la libertad de moverse entre islas y milenios de historia sin complicaciones. Todo, sin perder de vista la animada vida nocturna de Paceville (St. Julian’s) y Sliema, con clubes y discotecas de auténtica leyenda (golfa).

Una buena idea: si no sabes qué más hacer (algo complicado en Malta), contacta con Civitatis que organiza visitas guiadas, excursiones y todo tipo de actividades en ese país.

Madeira (Portugal)

El jardín del Atlántico invita a la contemplación. Sus impresionantes paisajes volcánicos, con acantilados que mueren en el océano y cumbres envueltas en niebla, favorecen el silencio y la reflexión. Recorrer sus famosas levadas (canales de riego que atraviesan bosques de laurisilva) es una experiencia para vivir a solas. Como lo es contemplar sus cascadas y caer, casi sin intención, en una profunda meditación ante tanta belleza.

Una buena idea: en Funchal se impone una visita ‘gastro’ al Mercado dos Lavradores y a alguna de sus bodegas, como Henriques & Henriques

Cali-Valle del Cauca (Colombia)

El ritmo de un baile desenfrenado y una hospitalidad sin filtros son motivos más que suficientes para justificar un viaje a esta región colombiana. La autoproclamada capital mundial de la salsa desprende una energía desbordante y alegría contagiosa. Basta con acercarse a una escuela de baile o a un bar-restaurante de San Antonio para que alguien te invite a compartir un paso o una historia. Ocurre también en sus otros barrios coloniales, La Merced y El Peñón, y en el conocido como Parque de los Gatos (por la escultura felina realizada por Hernando Tejada).

Una buena idea: World2Fly la compañía aérea del Grupo Iberostar, tiene dos vuelos directos de Madrid a Cali en comodísimos aviones A-350.