Tras los pasos de los Reyes por Finlandia, una ruta entre diseño y paisajes árticos
Durante sus tres días por Finlandia hemos visto a los monarcas reunirse con las autoridades del país y con la comunidad española allí presente. Nos han llegado imágenes de niños cantando en español, del Rey atreviéndose con unas palabras en finés y, también, de una ruta que ha puesto los dientes largos a más de uno y que muchos ya imaginan como su próximo viaje.
Su primera parada fue Helsinki, donde su agenda institucional les llevó por algunos de los edificios más representativos de la capital. La recepción oficial tuvo lugar en el Palacio Presidencial, frente a la Plaza del Mercado, un edificio del siglo XIX que primero fue residencia privada y después alojamiento de los zares rusos antes de convertirse en uno de los principales escenarios de la vida institucional finlandesa.
La agenda continuó en el Ayuntamiento de Helsinki y en el Parlamento, reconocible por su monumental fachada de granito rosado y sus catorce columnas. También pasaron por Finlandia Hall, uno de los edificios más emblemáticos de Alvar Aalto, levantado junto a la bahía de Töölönlahti y convertido en todo un símbolo del diseño y la arquitectura finlandeses.
Precisamente allí tuvo lugar una de las visitas con más interés para cualquier viajero amante de la arquitectura: los Reyes inauguraron la exposición “Ecos de Aalto en la arquitectura española contemporánea”, que repasa la influencia del gran arquitecto finlandés en varias generaciones de profesionales españoles y recuerda también el viaje que el propio Aalto realizó a España en 1951.
Si hubiesen tenido más tiempo…
Si la agenda les hubiera dejado algunas horas libres, habría sido fácil completar la visita con varios de los grandes imprescindibles de Helsinki. Muy cerca del Palacio Presidencial están la Plaza del Senado y la Catedral de Helsinki, corazón monumental de la ciudad, y la Catedral ortodoxa de Uspenski, reconocible por su ladrillo rojo y sus cúpulas doradas. Desde la cercana Plaza del Mercado salen además los ferris hacia Suomenlinna, la fortaleza marítima repartida por varias islas del archipiélago.
Y si hablamos de una ciudad que presume de diseño, también habría que reservar tiempo para acercarse a la biblioteca Oodi, recorrer alguno de los barrios modernistas o entrar en el Old Market Hall para sentarse a probar salmón, pescado ahumado o una buena sopa finlandesa. Algo que los Reyes se perdieron.
Hasta el Círculo Polar Ártico
Tras su paso por la capital, los Reyes pusieron rumbo a Rovaniemi, capital de la Laponia finlandesa y situada prácticamente sobre la línea del Círculo Polar Ártico, donde la agenda dejó atrás buena parte del ceremonial de la capital para centrarse en el Ártico, la ciencia y la naturaleza.
Una de sus paradas fue Arktikum, posiblemente uno de los mejores lugares para empezar a entender esta parte del mundo. El edificio alberga el Centro de Ciencias del Ártico y el Museo Regional de Laponia y permite acercarse al clima, la naturaleza y las formas de vida de quienes habitan estas latitudes, incluida la cultura sami. Durante su visita, los Reyes recorrieron las exposiciones “Contrastes del Ártico” y “Northern Ways” y mantuvieron un encuentro con representantes de esta comunidad indígena. Planes, todos ellos, muy apetecibles.
La última parada de su recorrido fue la Universidad de Laponia, donde participaron en la clausura de un seminario dedicado al papel del Ártico en Europa y saludaron también a estudiantes españoles que cursan allí sus estudios.
Quien no salió a recibirles fue el habitante más querido de la ciudad, el mismísimo Papá Noel, seguramente para evitar problemas de protocolo. Tampoco tuvieron tiempo para realizar algunas de las actividades más demandadas de Laponia, como pasear en un trineo por la nieve y terminar el día saliendo a la caza de las auroras boreales. Planes que, sin duda, cualquier plebeyo debe anotar en su agenda.