Patrimonio, historia y buena mesa en una de las ciudades más encantadoras del norte de España

Oviedo presume de elegancia, de presencia y de una historia rica que todavía es palpable en su día a día. Junto a edificios solemnes discurre una vida tranquila que anima a dejarse llevar por pequeños caprichos, ya sea picar en una de sus tiendas que derrochan estilo o rendirse a uno de sus dulces con nombre propio, moscovitas o carbayones, ambos igual de adictivos.

Pero más allá del escaparate cuidado y del aroma a almendra y chocolate, la capital asturiana guarda algunos de los capítulos más importantes del arte medieval europeo. La Catedral de San Salvador marca el corazón del casco antiguo y protege en su Cámara Santa reliquias que durante siglos atrajeron peregrinos en ruta hacia Santiago. A su alrededor, calles peatonales y coquetas plazas permiten recorrer la ciudad sin necesidad de mapa, enlazando historia y vida cotidiana en apenas unos pasos.

Dentro y fuera

A pocos minutos del centro, el prerrománico asturiano eleva el nivel cultural de la escapada y da una buena razón para salir de la ciudad y enamorarse de los paisajes que la rodean. Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, encaramadas en el monte Naranco, recuerdan que aquí se escribió una parte fundamental del arte europeo en los siglos IX y X. La sobriedad de sus líneas y la belleza del entorno explican por qué este conjunto está reconocido como Patrimonio Mundial.

De vuelta al centro, la Plaza del Fontán y su mercado aportan el contrapunto más animado. Aquí el producto manda: quesos asturianos, fabada, el famoso cachopo, pescados frescos y, como no, sidra, que, aunque no sepas escanciarla sabe igual de bien y marida con todo. Y es que, si Asturias es famosa por su gastronomía, su capital sabe dar un buen ejemplo y dejar el listón bien alto.

Ruta de fotos

El Teatro Campoamor, escenario de los Premios Princesa de Asturias, y el Museo de Bellas Artes son dos de sus edificios más reconocidos, pero no los únicos lugares en los que querrás hacerte una foto. Oviedo está salpicada de esculturas de personajes históricos y figuras populares. Todo surgió en los años 90 cuando el ayuntamiento quiso convertir las calles de la ciudad en un museo al aire libre.

Así, es fácil encontrarse con Woody Allen, paraguas en mano; Mafalda, sentada en un banco, o La Regenta, eterna protagonista de Clarín, junto a otras figuras que ya forman parte del paisaje urbano y se han convertido en parada obligada para quienes disfrutan descubriendo guiños culturales entre plaza y plaza.