Parce Mykonos, pero está en Túnez y acaba de ser declarado Patrimonio de la Humanidad

El pasado mes de julo se celebró en la ciudad de Busan, Corea del Sur, la 48ª sesión del Comité de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, en la que 25 sitios consiguieron esta condecoración. Ningún enclave de España se sumó al listado, aunque sí lo hicieron algunos tesoros cercanos que se encuentran a poca distancia de la península ibérica, y ese es precisamente el caso del pueblo de Sidi Bou Said, ubicado en Túnez.

Esta impresionante localidad se convirtió en el décimo lugar tunecino en formar parte de la lista, sumándose a otras maravillas como el anfiteatro de El Djem, el sitio arqueológico de Cartago o la medina de Susa, entre otros. Ubicada en la zona septentrional del país del norte de África, a orillas del Mediterráneo, esta villa puede recordar mucho a Mykonos y Santorini, pero la realidad es que tiene mucho más que ofrecer.

Así es el fascinante pueblo de Sidi Bou Siad

El pueblo de Sidi Bou Siad cuenta con unos 4.800 habitantes y se sitúa en un promontorio que se alza sobre las aguas del Mediterráneo, creando una estampa única conformada por el mar, la montaña y las casas encaladas con tonos azules que flanquean sus callejuelas. El nombre del pueblo procede de un maestro santificado que murió en el siglo XIII y en torno a cuya tumba se erigió esta extraordinaria villa tunecina, que ha tenido argumentos de sobra para ser reconocida por la UNESCO.

El principal atractivo arquitectónico de la villa son sin duda sus casas árabes de fachada blanca y tonos azules (protegidas por ley) que recuerdan a las islas griegas más pintorescas, aunque recorrer el sinuoso entramado callejero del pueblo, donde se encuentran infinidad de tiendas de artesanía y gastronomía, es casi una experiencia mística: “Una fusión de geomorfología, arquitectura y espiritualidad”, definen a la localidad en la web de la UNESCO, y es que este lugar de ensueño es único.

Situado a solo 20 kilómetros de la capital de Túnez, Sidi Bou Said se erige en el monte Manar como un lugar de ensueño que en época primaveral y estival se tiñe de multitud de tonos gracias a las miles de flores que decoran las viviendas. Además, es una de las principales cunas artísticas del norte de África, inspirando a grandes figuras a lo largo de la historia, por lo que hacer una excursión a esta localidad es casi una obligación si se está visitando la parte más septentrional del país.

Asimismo, es uno de los mejores lugares para degustar la gastronomía tunecina más exquisita, por lo que es sin duda un destino extraordinario que, con la condecoración de Patrimonio de la Humanidad, ha alcanzado un merecido reconocimiento que lo hace aún más especial y que hará que más viajeros conozcan los secretos que se esconden en sus rincones.