Marta Morera, viajera en silla de ruedas: «La accesibilidad no es solo una rampa, es poder disfrutar del lugar sin preocuparte»
Para muchos, viajar es una forma de libertad. Pero para Marta Morera es también una declaración de resistencia. A los 15 años, una operación para extraerle un quiste en la médula ósea, y en la que hubo negligencia médica, la dejó en silla de ruedas, sin poder moverse de hombros para abajo. A pesar de la dura situación, su espíritu resiliente la empujó a no rendirse y a luchar por su pasión por los viajes.
Nacida hace 33 años en la localidad de Tàrrega, en la provincia de Lleida, dedica gran parte de su energía a documentar su vida a través de Instagram (@aventureraonwheels). «Es mi espacio para explicar lo que vivimos las personas con movilidad reducida, para visibilizar y reivindicar una sociedad más accesible y más justa», explica a 20minutos. «En mi cuenta explico mis viajes y la accesibilidad real que me encuentro en cada destino: lo bueno, lo malo y lo que aún falta por mejorar», señala.
Una organización previa en detalle
En los 18 años que Marta Morera ha usado silla de ruedas, no ha dejado de viajar, ni ha permitido que la falta de accesibilidad de algunos destinos la frenasen. «Como el año que me operaron tenía que ir a Florencia, mis padres me prometieron que, si todo iba bien, iríamos al año siguiente. Y así fue: fuimos en furgoneta», nos cuenta. La leridana también ha estado por toda España, en Roma, en el sur de Italia, Austria (Salzburg, Innsbruck, Linz, Viena…), Francia (Normandía, París, Burdeos, Toulouse…), Londres, Berlín, Nueva York, Budapest…
«Viajar se ha convertido en una parte muy importante de mi vida y cada destino me recuerda que las personas con movilidad reducida tenemos derecho a descubrir el mundo sin barreras«, detalla. Aunque para muchos planificar un viaje puede ser una tarea fácil, en la que simplemente debemos elegir destinos, hoteles y actividades según nuestro presupuesto y gustos, Morera debe tener en cuenta otros muchos factores. «A través de internet, en foros y blogs como ‘Silleros Viajeros’, nos informamos sobre qué destinos son viables para viajar. También nos ayuda la agencia de viajes, sobre todo para saber cómo puedo moverme por las ciudades», explica.
Y eso no es todo, también debe fijarse mucho en si las calles son adoquinadas. «Este año uno de los destinos que queríamos visitar era Praga, pero solo con ver cómo son las calles se nos quitaron las ganas», detalla. «El itinerario lo hago siempre yo. Antes envío correos electrónicos a museos, palacios o a cualquier sitio que quiera visitar para preguntar si el lugar es accesible para sillas eléctricas grandes, porque la mía es más grande que las convencionales. Puede parecer pesado, pero yo disfruto organizándolo todo», nos cuenta.
Barreras en calles, hoteles y trasportes
El equipaje de Marta Morera no incluye solo mudas de ropa y una cámara de fotos, sino que su situación la obliga a llevar mucho más: la batería de la silla, cinta americana y un juego de llaves allen por si surge cualquier imprevisto con esta, un kit básico para limpiarla, una capelina para cubrirse y poder pasear aunque llueva, material médico como empapadores, sondas de recambio, gasas y parches…
«En cuanto a apps, utilizo Google Maps para buscar rutas accesibles y encontrar los mejores trayectos para silla eléctrica. También uso AccessNow o Wheelmap, que van muy bien para ver si lugares de todo el mundo (restaurantes, cafeterías…) son accesibles y tienen lo que necesito», señala. Pero por mucha preparación previa que haya, viajar siempre se convierte en un reto, en una incógnita hasta llegar al lugar. «Me encuentro con muchas barreras: calles empedradas, aceras desniveladas o estrechas, escalones resbaladizos, plataformas y ascensores pequeños o bajadas bloqueadas por coches, y a veces directamente no hay ninguna bajada», lamenta.
El trasporte también dificulta mucho sus traslados, y es que muchas veces se topa con autobuses, metros o trenes sin rampas, y con ascensores averiados en las estaciones. «Yendo de Menorca a Mallorca reservamos un ferry que indicaba ser accesible, pero cuando preguntamos por los ascensores nos dijeron que no había. Por suerte llevábamos nuestro arnés; me lo pusieron y, a pulso, me subieron por más de 15 escalones superempinados y me recostaron encima de los sillones. Ni siquiera nos pidieron perdón, ni ofrecieron ayuda, ni una solución o alternativa», relata.
Incluso los alojamientos pueden suponer un problema, ya que hay ocasiones en las que afirman ser accesibles cuando no lo son: «En 2024 fuimos a París y el apartamento tenía cinco o seis escalones antes del ascensor. Booking no quiso ayudarnos y tuvimos que buscar otro hotel casi a las diez de la noche; fue una experiencia realmente complicada», recuerda.
De los viajes en avión a los destinos más y menos accesibles
Viajar en avión es un mundo aparte. «Para empezar, solo subir al avión ya es un drama«, señala. Para poder acceder a la aeronave, Marta debe pasar a otra silla «estrechísima» que no se reclina nada, un gran inconveniente teniendo en cuenta que no puede mantener ni la cabeza ni el tronco por sí misma. «La cabeza se me caía hacia delante, la espalda de lado, iba perdiendo un brazo, luego el otro, las piernas… y todo esto con la mirada de todos los pasajeros». Y lo mismo ocurre con los propios asientos del avión: «¿La única solución? Acabar viajando estirada, con la cabeza sobre mi madre, el trasero en mi asiento y las piernas encima de mi padre, mi hermano o algún otro familiar. Un lujo, vamos».
En un viaje a Nueva York dicidieron hablar con el personal del mostrador para explicar su situación y pedir si podían ofrecerles dos asientos de una zona más accesible, pagando un plus si hacía falta. «Nos respondieron que sí, claro, 4.000 € por persona. Evidentemente, no lo aceptamos y viajamos como pudimos», relata.
Si tuviese que elegir el destino más accesible que ha visitado, Marta Morera lo tiene claro: Alemania, gracias a sus calles, establecimientos, museos y palacios bien adaptados, especialmente en Berlín. «También Nueva York me sorprendió de lo bien que está», añade. De manera contraria, coloca a Italia como uno de los menos accesibles: «Roma tiene pocas zonas accesibles, calles empedradas y muchas veces tengo que ir por la carretera. Toda la costa hasta Capri, Nápoles y la costa de Sorrento fue complicada. En Pompeya no pude ver casi nada. Todo esto ocurrió hace más de 10 años, y aunque hoy quizá haya mejorado, con unas simples plataformas de madera se podría haber disfrutado mucho más».
«Experiencias que valen más que cualquier barrera»
En opinión de Marta, uno de los problemas en el sector turístico en cuanto a accesibilidad son las agencias de viaje. «Estaría bien poder ir a una «normal» como cualquier otra persona», explica. Por ejemplo, en las agencias de su pueblo nunca consiguió que la atendieran. «Eso te hace sentir excluida, como si no tuvieras derecho a viajar como el resto«, lamenta. La única solución ha sido buscar agencias especializadas, en su caso, Travel Xperience. «Creo que todas deberían formarse para saber cómo funciona todo el tema de la accesibilidad y poder ayudarte a planificar tu viaje, sea cual sea tu diversidad funcional. Y, por supuesto, ofrecer precios más asequibles«, demanda.
Por otro lado, viajar en silla de ruedas también trae consigo una serie de mitos y prejuiciso que Marta Morera no duda en desmontar: «Mucha gente cree que es imposible o que solo vamos «molestando», y no es cierto. Sí, hay obstáculos, pero con organización y un poco de ayuda se pueden vivir experiencias increíbles». Asimismo, pone en relevancia que cada persona es diferente y necesita distintos tipos de ayudas. «La accesibilidad no es solo una rampa o un ascensor, es poder disfrutar del lugar sin preocuparte por cada paso. Viajar no es un capricho, es un derecho«.
Por último, ¿un consejo para una persona en silla de ruedas que no se atreva a viajar? «Es verdad que habrá obstáculos, que tendrás momentos de frustración y que a veces pensarás «¿quién me manda a mí?». Pero el mundo es precioso, te llena, te hace crecer y te regala experiencias que valen muchísimo más que cualquier barrera. Y cuando mires atrás, te acordarás de los problemas… pero sobre todo de lo que te hizo sentir viajar», explica. Y es que para Marta «salir también es una forma de luchar para que el mundo cambie y sea más accesible, no solo para nosotros, sino para todas las personas que vendrán después«.