La pequeña ciudad de Cáceres que guarda un gran tesoro en su catedral

Al oeste de Cáceres, no demasiado lejos de Plasencia y a un paso de la frontera con Portugal, destaca uno de los destinos más sorprendentes de Extremadura. Puede que su nombre no suene tanto como Cáceres, Mérida o Trujillo, pero basta cruzar sus murallas para entender que aquí hay bastante más historia de la que parece a primera vista y unas cuantas visitas muy interesantes.

Coria suele pasar desapercibida en una ruta por Extremadura a pesar de que argumentos no le faltan para destacar. Fue importante en época romana, conserva un casco histórico pequeño pero monumental y guarda en su catedral una pieza que lleva siglos despertando devoción, dudas y mucha curiosidad.

Una pieza sagrada

La gran sorpresa que guarda Coria y por la que muchos se desplazan hasta allí está dentro de uno de sus monumentos más destacados, la Catedral de Santa María de la Asunción. Ya por fuera es un templo que impone, sobre todo por su mezcla de estilos y por el aire de templo-fortaleza tan propio de una ciudad de frontera. El templo se construyó sobre uno visigodo y lo que empezó siendo una pequeña iglesia románica hoy destaca por su decoración plateresca y detalles barrocos.

Pero lo que la convierte en una visita especial no está solo en sus muros o sus capillas, sino en una de las reliquias más singulares que conserva: el Sagrado Mantel. Según la tradición, esta pieza de lino habría sido utilizada en la Última Cena, lo que explica la devoción y la curiosidad que ha despertado durante siglos. Más allá de la fe de cada visitante, a esta reliquia se le deben peregrinaciones, estudios, leyendas y una historia que ha convertido a Coria en un lugar de peregrinaje y culto.

Entre murallas romanas

Después de visitar la catedral, toca salir de nuevo a la calle y recorrer el casco histórico. Coria conserva un recinto amurallado de origen romano que recuerda la importancia que tuvo la ciudad en otros tiempos. Sus murallas datan de los siglos III y IV y es llamativo su excelente estado de conservación.

Entre sus calles, que siempre te llevan a la Plaza Mayor, se sigue notando el peso episcopal, fronteriza y estratégica. Y es que, en pocas ciudades de este tamaño es posible caminar por un trazado tan irregular, tan claramente medieval, y tropezar a cada vuelta con algo que pertenece a otro siglo, motivo por el que el que fue declarado Conjunto Histórico en mayo de 1993.

Otro de los grandes símbolos de Coria es su castillo, vinculado a los duques de Alba. Datado en el siglo XV, mantiene en pie la Torre del Homenaje, diseñada por el arquitecto Juan Carrera por encargo del Duque de Alba sobre una fortificación anterior levantada por los Templarios. Desde lo alto se ve toda la ciudad y gran parte de la vega del Alagón, una razón de peso para hacer un esfuerzo y subir a la parte más alta. Este el primer testimonio conservado del dominio señorial en Coria, que pasó a manos de la Casa de Alba en 1472 cuando el I Duque, don García Álvarez de Toledo, añadió el Marquesado de Coria a una colección de títulos que no haría sino crecer en los siglos siguientes.

La ciudad del Bobo de Coria

Dentro de la larga historia de esta pequeña ciudad destaca la que recuerda al uno de sus vecinos más ilustres. Aquí nació Juan Calabacillas, más conocido como el Bobo de Coria, bufón de la corte de Felipe IV y retratado por Velázquez. Una sorpresa más que anima la visita a este rincón extremeño.