La ciudad suiza donde se empieza con un recorrido por lo mejor de su arquitectura y se termina con un baño en el Rin

Basilea está considerada una de las grandes mecas europeas del arte, el diseño y la arquitectura, y razones no le faltan para presumir de título. En la ciudad y sus alrededores se pueden ver proyectos de 13 ganadores del Premio Pritzker, considerado el Nobel de la arquitectura, además de una larga lista de edificios firmados por nombres de referencia internacional. A eso se suma Art Basel, la feria de arte contemporáneo que cada año convierte la ciudad en punto de encuentro para galeristas, coleccionistas y artistas.

Que Basilea reúna tantos edificios firmados por arquitectos de renombre no es una casualidad. Su peso económico, la presencia de grandes empresas, una larga tradición de arte y mecenazgo y el hecho de ser la casa de Herzog & de Meuron han convertido la ciudad en una especie de laboratorio arquitectónico al aire libre. A eso se suma su ubicación en la frontera con Francia y Alemania, que permite ampliar la ruta hasta el Vitra Campus, uno de los grandes templos europeos del diseño.

La ruta perfecta

Una buena forma de empezar una ruta que te acerque a los principales lugares de interés de la ciudad es acercarse a Messeplatz, una plaza que por sí misma te deja claro desde el primer momento que Basilea es la reina de la arquitectura. Allí se encuentra Messe Basel, obra de Herzog & de Meuron, con una gran abertura circular que se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de la ciudad contemporánea. Muy cerca también se levanta la Messe Tower, otro de los elementos que ayudan a dibujar el perfil más actual de la ciudad.

La parte más clásica

Después de ese primer impacto contemporáneo, merece la pena buscar el contraste en el centro histórico. Porque una de las gracias de Basilea es precisamente esa mezcla entre edificios de autor y calles que conservan todo el encanto de una ciudad centroeuropea con mucha historia.

En Marktplatz (Plaza del Mercado) hay un edificio que llama la atención sobre el resto, sobre todo, por el color rojo intenso de su fachada. El Ayuntamiento, uno de los grandes iconos de Basilea, fue construido entre los años 1504 y 1514 y, además de por su color, destaca por las pinturas que adornan su fachada.

También es fácil de reconocer su catedral, situada en una zona elevada junto al Rin, desde donde se obtiene una de las vistas más bonitas del río y de la ciudad. Calles peatonales, plazas tranquilas en las que no faltan las típicas fuentes y casas históricas recuerdan que Basilea no es solo arte moderno y grandes nombres, también es tradición y una larga historia.

Arte junto al río

El siguiente paso puede llevar hasta el Museum Tinguely, uno de los lugares más sorprendentes (y locos) de la ciudad. Diseñado por Mario Botta y dedicado al artista suizo Jean Tinguely, conocido por sus esculturas mecánicas y sus obras en movimiento, se trata de una visita que gusta por igual a mayores y niños y a expertos en arte o simples curiosos.

Desde esta zona resulta fácil fijarse en otro de los grandes símbolos de la Basilea actual: las torres de Roche, diseñadas por Herzog & de Meuron, que se han convertido en una presencia inevitable en el horizonte urbano.

Un campus de arquitectos estrella

Para quienes quieran seguir tirando del hilo arquitectónico, el Novartis Campus es una de las paradas más interesantes. Este espacio reúne edificios firmados por algunos de los grandes nombres de la arquitectura internacional y permite ver cómo una zona de trabajo puede convertirse también en un escaparate de diseño.

Aquí aparecen nombres como Frank Gehry, Tadao Ando, SANAA o los propios Herzog & de Meuron, entre otros. Es casi una ruta dentro de la ruta, una forma de comprobar hasta qué punto Basilea ha convertido la arquitectura en parte de su identidad.

El extra imprescindible

Aunque técnicamente se encuentra en Weil am Rhein, ya en Alemania, el Vitra Campus está tan cerca de Basilea que lo han hecho suyo. Para los amantes del diseño y la arquitectura, es uno de esos lugares que justifican por sí solos una escapada.

El conjunto reúne edificios de Frank Gehry, Zaha Hadid, Tadao Ando, Herzog & de Meuron o SANAA, entre otros, y permite recorrer en un mismo espacio algunas de las firmas más importantes de la arquitectura contemporánea. Además, el plan no se limita a mirar fachadas: también hay exposiciones, diseño, mobiliario, tiendas y espacios pensados para pasar varias horas sin darse cuenta.

Y ahora, al agua

Después de tanto edificio de autor y tanto paseo entre países, llega el momento de hacer algo mucho más mundano, local y divertido: meterse en el Rin. En verano, este es uno de los planes más repetidos de Basilea. Los vecinos guardan la ropa y sus pertenencias en una bolsa impermeable, se lanzan al río y se dejan llevar por la corriente hasta salir más abajo. Aquí no hay relojes, ni banqueros en traje, solo gente en bañador fluyendo río abajo. ¿Puede haber mejor plan?