La ciudad de Bélgica que fue capital de tres países y casi nadie conoce

Cuando planeamos un viaje a Bélgica, normalmente ponemos la vista en Gante y Brujas, dos de las ciudades más bellas de Europa. Pero este país esconde también rincones maravillosos fuera de las típicas rutas turísticas que no habría que dejar de lado. Y la mejor muestra es la desconocida Malinas, una ciudad que se encuentra a tan solo 20 kilómetros de Bruselas y 30 de Amberes y que, curiosamente, no suele entrar en el radar viajero de los españoles a pesar de contar con un glorioso pasado: durante el siglo XVI fue el centro político de un gran estado unificado que hoy engloba Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo.

A subir escalones en la Grote Markt

Te invitamos a un paseo por esta ciudad belga, tranquila, discreta y poco conocida, que alberga en sus coloridas calles rincones sorprendentes y cientos de años de historia. Entre sus canales, encontrarás una ciudad de escala humana perfecta para recorrer a pie. Y aunque es pequeña, no son pocas las cosas que hay que ver, empezando por la Grote Markt, la plaza mayor, donde se encuentra la imponente catedral de San Rumoldo, un emblemático edificio que comenzó a construirse en el siglo XIII y hoy sigue alzándose con orgullo sobre la ciudad. De ella destaca su torre plana e inacabada, que otorga a la estructura un cierto aire de misterio. Si te animas a subir sus más de 500 escalones, desde lo alto podrás disfrutar de unas vistas fascinantes que llegan hasta Bruselas y Amberes.

Malinas, la joya más desconocida de Flandes

Y ya de vuelta a tierra, recorriendo los alrededores de la Grote Markt encontrarás numerosas residencias con estilos que van desde el Renacimiento del siglo XVI hasta el Rococó del siglo XVIII. También verás el Ayuntamiento, un edificio gótico que posteriormente fue ampliado con elementos barrocos. Frente a este edificio, verás una curiosa estatua de bronce que representa a un hombre siendo manteado.

Después, acércate hasta la iglesia de San Juan (siglo XV), ya que en su altar podrás admirar ‘La adoración de los Magos’, de Rubens, entre otras obras maestras. Pero además de la catedral e iglesias, recorriendo Malinas te irás encontrando con sorprendentes mansiones señoriales y palacios, uno de los más destacados es el Hof van Busleyden de estilo renacentista.

El Gran Beaterio, un oasis de tranquilidad

Este rincón que es una ‘pequeña ciudad’ dentro de la ciudad, está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y es uno de los rincones más bellos de Malinas. Un lugar que desde el siglo XVI fue el hogar de las beguinas, viudas o mujeres solteras que dedicaban su vida a Dios. Entre calles tranquilas y sinuosas, callejones empedrados y casas pintorescas podrás disfrutar del silencio con la sensación añadida de que retrocedes por un rato en el tiempo.

A un paso del Gran Beaterio se encuentra una de las cervecerías más antiguas de Bélgica: la Het Anker, fundada en 1471, será la mejor excusa para hacer una relajada parada y aprovechar para disfrutar de la gastronomía local en su restaurante.

Arquitectura de herencia medieval y flamenca

Durante el recorrido a pie por las calles de Malinas irás encontrando preciosas plazas como la de Vismark con bares y terrazas a orillas del río, y avenidas peatonales, una de las más destacadas es la de Ijzerenleen que además de tiendas está flanqueada por edificios con impresionantes fachadas.

Disfrutando del paisaje urbano desde el barco

Y por la tarde, el mejor plan es un recorrido a orillas del río Dijle para ir abriendo boca, antes de disfrutar de la gastronomía de la ciudad en alguno de los restaurantes del centro. Son especialmente bonitas las casas de Haverwerf (quizá las más bonitas de la ciudad). Se encuentran junto al puente, en el lugar donde desembarcaban los barcos y se comerciaba con la avena. Si tienes tiempo, te recomendamos completar esta escapada con un recorrido en barco para observar desde el agua los pintorescos edificios que salpican las orillas del río. Los barcos salen desde el puente peatonal que se encuentra entre el Vismarkt y el Haverwerf, y tiene un coste de unos 11,00 € por persona.