Innsbruck: la joya del Tirol ofrece esquí, naturaleza y una ciudad repleta de opciones culturales

La experiencia de viajar a Innsbruck, la colorida y animada capital del Tirol, arranca antes incluso de aterrizar en su aeropuerto. Si el tiempo lo permite y el día está despejado, los Alpes ofrecen un auténtico espectáculo de cumbres nevadas y caminos imposibles. Un mar blanco que invita a recostarse junto a la ventanilla del avión para relajarse y disfrutar. Es sólo un pequeño aperitivo de lo que espera al viajero.

Iberia ha retomado este año la oferta de dos vuelos directos semanales desde Madrid a la capital alpina, los miércoles y los domingos, hasta el próximo 5 de abril, en un trayecto de poco más de dos horas. El aeropuerto de Innsbruck, que celebró el año pasado el primer centenario de su inauguración, se encuentra apenas a cuatro kilómetros del centro histórico, lo que facilita los desplazamientos. Por su trazado y su diseño urbanístico, la ciudad es perfecta para desplazarse a pie o en bicicleta.

Un paseo por el centro y el Tejadillo de Oro

Un buen punto para empezar el paseo por el caso histórico es el Tejadillo de Oro, uno de los símbolos de la ciudad. Con sus 2.657 tejas de cobre dorado y su rica decoración de frescos y relieves, el mirador se encuentra en la fachada de un palacete residencial. Lo ordenó construir emperador Maximiliano I en 1497 y sus relieves, tallados en piedra arenisca, muestran la transición del gótico tardío al primer renacimiento.

El Tejadillo ofrece una experiencia distinta a plena luz del día o por la noche, cuando las calles Herzog Friedrich y Maria Theresien Strasse -que debe su nombre a la emperatriz María Teresa- ofrecen un espectáculo de color con sus edificios barrocos, unas bonitas vistas de las cimas nevadas de la cordillera Nordkette, y la posibilidad de adentrarse en una de las arterias comerciales de la ciudad. El Arco del Triunfo, el Antiguo Ayuntamiento o la Columna de Santa Ana están entre sus monumentos más destacados.

La Iglesia de la Corte Imperial, la catedral y el Castillo de Ambras

En el casco antiguo se encuentra también la Iglesia de la Corte Imperial, conocida también como la “Iglesia de los hombres negros” (Schwarzmanderkirche). En su interior, veintiocho figuras de bronce a tamaño natural (ocho de ellas de mujeres) guardan el que debería haber sido el monumento fúnebre del emperador Maximiliano I, que se encuentra en su interior. No es el único tesoro de un edificio que alberga el órgano renacentista más grande y mejor conservado de Austria. Muy cerca de allí se encuentra la catedral de Santiago, que ofrece al visitante un momento de quietud bajo los impresionantes frescos barrocos de su techo, aparentemente abovedado.

Otra visita obligada llevará al viajero hasta el castillo de Ambras, que el archiduque Fernando II (1529-1595) regaló a Philippine Welser (1527-1580), conocida como la «Bella Welserin», con quien tuvo que casarse en secreto. Fernando II, que era un apasionado coleccionista, lo convirtió en uno de los primeros museos del mundo, y este sigue albergando sus tesoros de cristal, plata, oro, vidrio u objetos naturales raros, así como armaduras, armas y pinturas.

El paraíso del esquí

Los amantes del esquí o el snowboard cuentan con doce estaciones próximas a la ciudad, bien comunicadas en transporte público (hay autobuses gratuitos para los esquiadores con la Welcome Card que recibirán al registrarse en su hotel) y con la posibilidad de acceder a todas ellas con un único forfait. La estación de Patscherkofel, a la que los habitantes de Innsbruck llaman cariñosamente “su montaña» ofrece unas vistas panorámicas increíbles y la opción, además de esquiar, de practicar senderismo o disfrutar de una buena comida en la cima, hasta donde llega el teleférico.

A 2.300 metros de altura y, sin embargo, dentro de los límites de la ciudad, se encuentra Hafelekar, la «Cima de Innsbruck», un mirador privilegiado al que se accede en apenas treinta minutos desde el centro a través del tren cremallera y el funicular. Es difícil que quien suba no acabe enamorado de las vistas de la capital tirolesa y de la cordillera de los Alpes. Es uno de esos lugares que sobrecoge.

Al subir o al bajar de la cima de Innsbruck merece la pena visitar el Zoo Alpino, el situado a mayor altitud de entre los zoológicos temáticos europeos. Lobos, linces, aves rapaces o el oso pardo conviven en mitad de la montaña, en un enclave que poco tiene que ver con sus parientes urbanos.

Los Mundos de Cristal Swarovski

A sólo 20 kilómetros al Este de Innsbruck, en Wattens, Daniel Swarovski fundó su empresa de cristales tallados que hoy alberga también Los Mundos de Cristal Swarovski, un museo verde -que cuenta con certificado con distintivo medioambiental- que fue diseñado por el artista multimedia André Heller. En su interior, alberga instalaciones inmersivas de artistas y diseñadores de todo el mundo, como la japonesa Chiharu Shiota o el mexicano-canadiense Rafael Lozano-Hemmer, entre otros.

La gastronomía también tiene un papel importante en Innsbruck, con una oferta muy variada. Para abrir boca, la ciudad ofrece bares en azoteas con vistas panorámicas a los Alpes, acogedores salones con música en directo o bodegas rústicas donde deleitarse con un vino de la zona. La capital tirolesa ofrece una amplia variedad de restaurantes y los amantes de la naturaleza también pueden optar por probar alguno de los platos típicos de la región en los refugios de montaña.