Este mercado anclado en la Edad Media no lo verás en ningún otro lugar del mundo

Viajar por España está muy bien, pero también de vez en cuando apetece descubrir culturas radicalmente distintas que nos saquen de nuestro espacio de confort. Si además eres de los que les gusta salirse de las rutas habituales y explorar lugares a los que no van practicamente turistas, en Argelia podrás vivir la versión más auténtica de los viajes. Y esta experiencia la tienes garantizada si te adentras en Ghardaïa, una ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO que se mantiene perdida en el tiempo y donde podrás sumergirte en el genuino ambiente del medievo.

Una ciudad de belleza sencilla

Tan sorprendente como auténtica, así es Ghardaïa, la «perla del Valle del M’Zab», una ciudad muy distinta a las que encontrarás recorriendo el resto de Argelia. Construida en adobe entre los siglos X y XI por musulmanes ibadíes, la localidad se mantiene fiel a sus costumbres y estilo de vida. Paseando por sus estrechas y laberínticas callejuelas difícilmente te cruzarás con turista occidentales. Mujeres completamente cubiertas con velos blancos, críos corriendo entre los callejones y una atmósfera de paz y silencio es el panorama que te acompañará durante la estancia.

Un casco histórico en espiral

La ciudad se eleva sobre una colina formando un laberinto de callejuelas que conducen por infinidad de escaleras y donde los vehículos están prohibidos. Así que la única manera de recorrer su centro histórico es a pie, adentrándote en un trazado de calles estrechas que conducen por numerosas escaleras. Durante el trayecto, el minarete piramidal de la mezquita sobresaliento entre las viviendas en tonos ocre te servirá de guía.

La Gran Mezquita

Y ya en lo alto del casco antiguo, una de las principales construcciones de la ciudad: la Gran Mezquita, la más antigua de Ghardaïa y uno de los grandes tesoros de Argelia. Conocida como ‘el faro espiritual’, su historia se remonta a la fundación de la ciudad. Cuenta con un aspecto de fortaleza y una arquitectura que se adapta a las condiciones del desierto. Tendrás que conformarte con verla por fuera porque el acceso al interior está prohibido a los no musulmanes.

El fascinante mercado de Ghardaïa

Pero si hay algo que resulta impactante en Ghardaïa es su mercado central, el más grande e importante de la zona. El silencio de las calles se verá roto nada más entrar en este epicentro de la localidad y un lugar verdaderamente único. Entre sus arcos encontrarás coloridos puestos de artesanía local, joyas, especias, dátiles y alfombras tradicionales con motivos geométricos, por las que también es famosa la localidad. Pero más allá de verlo como una atracción turística, este vibrante espacio es un lugar lleno de vida en el que sentirás que has retrocedido siglos atrás.

El palmeral

Al igual que el resto de localidades de la zona, esta ciudad está construida alrededor de un oasis. Te recomendamos dedicar un rato a pasear por el palmeral que rodea Gardaïa donde encontrarás un verdadero remanso de paz y el mejor refugio natural contra las altas temperaturas del desierto.

Una gastronomía detenida en el tiempo

Por supuesto, la gastronomía también tendrá su espacio en este viaje, con platos elaborados con productos sencillos y de la tierra. Entre los más populares están el cuscus de hierbas (souffe ouchou), el de dátiles y el maghlouga, una deliciosa tortilla rellena de carne picada, cebolla, tomate, pimiento y aderezada con especias del Sahara.

La Pentápolis argelina, cinco pueblos fortificados

Ghardaïa forma parte de un conjunto de cinco localidades históricas fortificados (ksour), cada una con su propia personalidad y características, pero todas con una arquitectura única. Conocido como la Pentápolis, incluye también Beni Isguen, Melika, Bou Noura y El Atteuf. Todas ellas se encuentran a 600 kilómetros de Argel, en dirección al sur.