El santuario a los pies de un barranco en el País Vasco que se incendió tres veces y que fue ‘prohibido’ por la Iglesia

En el País Vasco se encuentran algunos de los complejos arquitectónicos de índole religiosa más asombrosos de toda España, como ejemplifican a la perfección tanto la Ermita de San Juan de Gaztelugatxe como el Santuario de Loyola. Otra de esas grandes joyas se ubica en la localidad de Oñate, en la provincia de Guipúzcoa, y se trata del maravilloso Santuario de Aránzazu, uno de los lugares más especiales de todo el norte de la Península Ibérica.

A pesar de su moderna arquitectura, este fascinante enclave guipuzcoano lleva más de medio milenio en pie, y además de tener una historia fascinante, se erige en un entorno natural extraordinario, lo que no hace más que incrementar el encanto de este templo. Además, está envuelto en leyendas y catástrofes, conviertiéndolo en todo un ejemplo de resiliencia que se ha mantenido en pie durante más de 500 años.

El Santuario de Aránzazu: víctima de tres incendios

La historia del Santuario de Aránzazu se remonta al siglo XV, cuando, según cuenta la leyenda, la patrona de la provincia de Guipúzcoa se le apareció a un pastor en un espino, quien preguntó a la Virgen, «¿Tú, en un espino?», que en euskera se traduce como «Arantzan zu?», de ahí el nombre del templo, como se confirma en el portal turístico de Oñate. Se ubica a unos 10 kilómetros de dicha localidad, en la meseta de las campas de Urbía, rodeado de barrancos y desfiladeros.

Los primeros en ocupar el prístino fueron los miembros de la Mercedaria en Aránzazu, quienes posteriormente dejaron paso a los franciscanos. En 1553 se produjo el primer incendio, el cual destruyó por completo todo el recinto, y a pesar de que se construyó uno nuevo (e incluso más grande), en el año 1662, apenas un año después de terminar el altar, volvió a sufrir otro terrible fuego que destrozó el santuario y el cenobio.

Tras ese segundo incendio, el Santuario de Aránzazu volvió a ser alzado gracias al apoyo de las autoridades y de los fieles, pero con la llegada del siglo XIX, todo volvió a torcerse: la Guerra de Independencia contra las tropas de Napoléon y las guerras carlistas volvieron a dejar en ruinas el complejo en el año 1834 tras un tercer fuego provocado por las tropas liberales; eso sí, el monasterio se restauró apenas 12 años después.

La basílica actual del santuario de Aránzazu

No fue hasta el año 1950 cuando se levantó la actual basílica, que apenas cuenta con 75 años de historia pero que ha vivido todo tipo de sucesos. Los arquitectos Sáenz de Oiza y Laorga optaron por un estilo vanguardista tanto en su exterior (con la punta de diamante como protagonista) como en su interior donde hay un enorme retablo contemporáneo de 600 metros cuadrados, lo que no gustó nada al obispo de San Sebastián, quien la ‘prohibió’ durante varios años.