El ‘Grand Tour’ de Cataluña: 2.000 kilómetros de ‘road trip’ sin prisas

No hace falta cruzar el Atlántico para vivir un buen road trip. El Grand Tour de Catalunya, impulsado por la Agència Catalana de Turisme, es una ruta circular de más de 2.000 kilómetros que enlaza los grandes iconos naturales, culturales y gastronómicos de Cataluña.

Está pensada para hacerse sin prisas y se divide en cinco tramos que se adaptan al calendario y al presupuesto de cada viajero. No hay que completarla entera ni seguir un orden fijo: se puede empezar por cualquiera de ellos y hacer solo los que quepan en la escapada, ya sea en coche, en furgoneta camper o en moto. La carretera se convierte en el hilo que une la costa, la montaña y el interior.

De Barcelona a Tarraco

El primer tramo une Barcelona con Tarragona. Nada más salir de la ciudad aparece Montserrat, con su montaña de formas imposibles y el monasterio benedictino encaramado a la roca. La ruta sigue por el Penedès, la principal comarca del enoturismo catalán y cuna del cava, donde muchas bodegas ofrecen catas y visitas.

Después baja al mar por Sitges, de ambiente bohemio, hasta llegar a Tarragona, cuyo conjunto arqueológico romano de Tarraco, anfiteatro, circo y murallas, es Patrimonio de la Humanidad. Muy cerca queda la Ruta del Císter, que enlaza los monasterios de Poblet, Santes Creus y Vallbona de les Monges, tres joyas rodeadas de viñas y campos de cereal.

Delta, viñedos y estrellas

El segundo tramo baja hasta el delta del Ebro, un parque natural de arrozales y humedales que es un paraíso para la observación de aves: aquí anidan flamencos y es fácil ver garzas entre los cañaverales; su arroz, con denominación propia, invita a una parada gastronómica.

Después la carretera asciende al Priorat, tierra de tintos con DOQ, la máxima distinción de calidad, que en España solo tienen esta comarca y La Rioja. La etapa termina al anochecer en la sierra del Montsec, en la provincia de Lleida: presume de uno de los cielos nocturnos más oscuros de Europa, con certificación Starlight y un parque astronómico donde observar las estrellas casi sin contaminación lumínica.

El corazón del Pirineo

Los tramos tercero y cuarto se adentran en la alta montaña, desde Lleida hasta La Seu d’Urgell y la Val d’Aran. Aquí está Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, el único parque nacional de Cataluña, con picos de tres mil metros, decenas de lagos glaciares y bosques de pino negro.

En el Valle de Boí se conservan nueve iglesias románicas, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2000 por sus esbeltos campanarios lombardos, como el de Sant Climent de Taüll.

El paisaje se suaviza en la Garrotxa, salpicada de una treintena de volcanes inactivos y de hayedos como la Fageda d’en Jordà, y desemboca en Figueres. En invierno, varias estaciones de esquí quedan a pie de ruta.

Dalí y la Costa Brava

El quinto y último tramo va de Figueres a Barcelona por la Costa Brava. Arranca en el Teatre Museu Dalí, el edificio más surrealista del artista, y sigue por el Parque Natural del Cap de Creus, donde la tramontana ha esculpido las rocas hasta darles formas caprichosas.

La ruta desciende a pueblos marineros de casas blancas como Cadaqués y la vecina Portlligat, donde Dalí tuvo su casa taller, y a calas como Calella de Palafrugell. Antes de volver a Barcelona conviene desviarse por los pueblos medievales del interior de Girona, como Pals o Peratallada, de callejones empedrados. El Empordà tiene además su propia denominación de vinos y una cocina de mar y montaña muy reconocida.

La versión para ciclistas

Quienes prefieran el pedal a las cuatro ruedas tienen su propia variante: el Grand Tour de Catalunya Gravel. Es una ruta circular de unos 2.500 kilómetros repartidos en 42 etapas, con más de 45.000 metros de desnivel positivo acumulado, diseñada para las bicicletas de gravel.

Discurre en su mayor parte por pistas forestales, caminos rurales, antiguas vías verdes y carreteras secundarias, huyendo del tráfico motorizado. Sus cinco tramos se pueden fraccionar en etapas más cortas. Exige preparación y motivación, pero a cambio ofrece una inmersión total en el territorio y sus pueblos, de forma sostenible y a golpe de pedal.