El baile más elegante, romántico y especial de la temporada te espera en la ciudad de la música
Viena siempre ha presumido de ser una de las ciudades más elegantes de Europa, de tener una agenda cultural de altísimo nivel, un don para la música y una historia llena de personajes que destilan fantasía, como la mismísima Sisi. Pero también presume de tener cinco estaciones y esta última no está marcada por las temperaturas ni por un cambio en el paisaje. Es la agenda de los vieneses la que marca esta quinta estación, cuyo nombre es Ballsaison, la temporada de bailes.
Durante varios meses, estos se convierten en uno de los grandes acontecimientos de la ciudad, que se mueve a ritmo de vals mientras sus salones, palacios y edificios históricos recuperan una tradición que lleva siglos formando parte de la vida vienesa.
Una tradición muy arraigada
Durante el siglo XIX, los grandes salones de la corte imperial fueron dejando de ser territorio exclusivo de la aristocracia y empezaron a abrirse también a la burguesía y a los distintos gremios de la ciudad.
El Congreso de Viena de 1814 terminó de impulsar esta fiebre por bailar y convirtió las veladas sociales en una parte esencial de la vida vienesa. Como no podía ser de otra forma, el gran protagonista siempre ha sido el vals. Aunque en su momento llegó a considerarse casi escandaloso por la cercanía entre las parejas, terminó convirtiéndose en uno de los símbolos culturales de Austria.
Bailes para todos los gustos
La Ballsaison comienza simbólicamente el 11 de noviembre a las 11:11, coincidiendo con el arranque del carnaval, y alcanza su momento más intenso durante enero y febrero. Solo en Viena se celebran más de 450 bailes a lo largo de la temporada, muchos organizados por profesiones, instituciones y asociaciones que mantienen viva una tradición centenaria.
El de los Pasteleros, por ejemplo, convierte la noche en una celebración donde los dulces y las creaciones de repostería tienen un papel protagonista, mientras que el Baile de las Flores transforma el Ayuntamiento de Viena en un auténtico jardín efímero, cubierto de flores y decoraciones vegetales.
También están el de los Cafeteros, uno de los más esperados por el peso que tiene la cultura del café en la ciudad, o el de la Filarmónica, celebrado en el Musikverein y especialmente ligado a la tradición musical vienesa. Y, por supuesto, la gran estrella es el Baile de la Ópera, que se celebrará el 4 de febrero de 2027.
Esa noche, la Ópera Estatal deja por unas horas las representaciones para convertirse en un enorme salón de baile en el que se reúnen más de 5.000 invitados y unas 150 parejas jóvenes protagonizan la apertura antes de que llegue el esperado «Alles Walzer!», la señal para que todos salgan a la pista.
Cómo asistir a uno de los bailes
Aunque desde fuera puedan parecer acontecimientos reservados a unos pocos, muchos de los bailes vieneses venden entradas al público. Los precios varían muchísimo según el evento y el tipo de entrada, pero con un poco de previsión se pueden conseguir entradas por unos 150 euros. Eso sí, es importante respetar el ‘dress code’, que suele ser vestido largo para las mujeres y frac negro con pajarita blanca para los hombres. E igual de imprescindible resulta saber bailar un vals.
Después del baile
Después de una noche de valses y salones históricos, cuesta volver de golpe a la normalidad. Por suerte, Viena permite alargar un poco más esa sensación de vivir siendo la protagonista de un cuento. Una buena primera parada es el Hofburg, antigua residencia de los Habsburgo, donde la historia de Sisi nos acerca a uno de los personajes más icónicos de la ciudad.
La siguiente parada puede ser el Kunsthistorisches Museum, donde la elegancia empieza incluso antes de entrar en las salas. Bajo su gran cúpula y entre mármoles se guarda una colección excepcional en la que aparecen Velázquez, Vermeer, Rubens o Caravaggio. Pero uno de sus grandes tesoros es Pieter Bruegel el Viejo: el museo conserva la mayor colección de sus obras del mundo, con piezas tan conocidas como La torre de Babel.
Y si hablamos de belleza, queda otra parada casi obligatoria: el Belvedere. El antiguo palacio de verano del príncipe Eugenio de Saboya ya merece la visita por sus jardines y su arquitectura barroca, pero dentro guarda un motivo todavía más famoso: El beso de Gustav Klimt. El Belvedere posee 24 pinturas del artista, la mayor colección de óleos de Klimt del mundo, y esta obra de su periodo dorado es la gran estrella.
Y para terminar, nada de prisas. Toca buscar uno de los cafés históricos de la ciudad y hacer sitio para una porción de tarta Sacher, la famosa tarta de chocolate vienesa que levanta tantos suspiros como el propio espectáculo de un baile vienés.