Destinos europeos que lucen más en primavera que en verano

El verano sigue siendo la estación más deseada para viajar, pero no siempre es la que mejor le sienta a un destino. Hay ciudades que se disfrutan más cuando todavía no aprieta el calor, paisajes que se vuelven más intensos justo antes de la temporada alta y rincones que en primavera conservan una calma y un encanto que luego desaparece.

Viajar en primavera sigue siendo un lujo y, a la vez, la temporada que pone más fácil el darse un capricho. Escaparse fuera de temporada es la forma más directa de conocer los secretos mejor guardados de muchos lugares y el tener la posibilidad de vivir como un local. A veces, adelantarse unas semanas es la mejor forma de descubrir Europa y estos son algunos buenos ejemplos.

Roma

A la capital italiana hay que ir con mentalidad de gladiador y ganarle la batalla al cansancio en más de una ocasión. Aquí se viene a caminar grandes distancias, conocer un monumento tras otro y no parar desde el día hasta la noche. Por eso, las temperaturas agradables y los días largos de la primavera son ideales para asombrarse con la belleza del Coliseo, conocer el Foro, perderse por el Trastevere y cenar pizza en una plaza diferente cada noche.

Dubrovnik

Pocas ciudades han sufrido tanto el éxito turístico como Dubrovnik. Para muchos, la capital croata ha muerto de éxito, algo que se repite cada verano, pero que se olvida cada primavera. Recorrer sus murallas o su casco histórico es una experiencia muy diferente ahora que dentro de unos meses, cuando la misma idea la tengan miles de personas.

En primavera, en cambio, la ciudad recupera parte de su esencia, el Adriático se muestra igual de espectacular y sus principales atractivos se visitan sin colas ni aglomeraciones.

Salzburgo

Si siempre has querido conocer la ciudad en la que se rodó la mítica Sonrisas y lágrimas y seguir los pasos de la familia Von Trapp, ahora es uno de los mejores momentos. Muchos de los escenarios de la película siguen tal cual repartidos por la ciudad y sus alrededores.

Mención especial merece el palacio de Hellbrunn, famoso por sus jardines y por sus divertidos juegos de agua, que vuelven a funcionar en temporada y siguen sorprendiendo siglos después. De nuevo en el casco histórico, no puede faltar un paseo por los jardines de Mirabell, una visita al castillo que corona la ciudad o perderse entre sus callejuelas sin olvidar de mirar hacia arriba para no perderse los carteles de las tiendas, verdaderas obras de arte en hierro.

Azores

Este archipiélago portugués es verde todo el año, pero en primavera alcanza su punto más espectacular ya que la vegetación está en plena explosión. Las hortensias, una de las protagonistas en la conocida como isla de las flores, empiezan a despuntar y los paisajes volcánicos se llenan de vida. Tras un invierno marcado por las lluvias, ahora sus ríos están más vivos que nunca y las cascadas (uno de los grandes atractivos de la isla) saltan con fuerza. Salto do Cabrito o da Ribeira son dos de las más espectaculares.

Lagoa das Sete Cidades, dos lagunas que rivalizan en color, es uno de los paisajes más fotografiados mientras que en Caldeira Velha (aguas termales) podrás bañarte como si fuese agosto.

Fiordos noruegos

Viajar a Noruega en verano es espectacular, pero también caro y muy demandado. En primavera, en cambio, se puede disfrutar de sus paisajes con más calma y, en muchos casos, a mejor precio. Además, el deshielo llena los fiordos y las cascadas de fuerza, ofreciendo una imagen especialmente potente del país, esa con la que todos soñamos durante el resto del año. Cuanto más se acerque al solsticio de verano, más largos son los días y es posible vivir una de esas noches blancas que tanta curiosidad despierta.

Sus ciudades más visitadas, Bergen y Alesund, siempre están listas para recibirte y sus coloridas fachadas brillan más que nunca con el sol de primavera.