De La Rioja a Islandia: las seis «coolcations» más apetecibles
Después de un verano abrasador, cada vez más los que sueñan con cambiar la playa de toda la vida por un lugar fresquito, con temperaturas que te permitan salir a la calle sin miedo a achicharrarte y donde las noches se disfrutan con una chaqueta.
Así se ha popularizado «coolcations» que une cool, fresco, y vacations, vacaciones, y define una tendencia que cambia la playa y las altas temperaturas por destinos de clima más suave, paisajes verdes, montañas o ciudades en las que el verano se disfruta sin pasar el día pendiente del aire acondicionado. Algo que antes elegían unos pocos, ahora se ha convertido en una tendencia cada día más en alza. Estas seis escapadas demuestran que unas vacaciones frescas también pueden ser las más deseadas del momento.
Ezcaray, la montaña de la que nadie se acuerda
A medio camino entre los Pirineos y los Picos de Europa, dos de los destinos más conocidos al hablar de turismo de montaña, encontramos el Valle de Oja, en La Rioja. Rodeado de bosques y senderos, Ezcaray disfruta en verano de un ambiente más fresco que buena parte de La Rioja. Su casco histórico, considerado uno de los más bonitos de España, conserva casas porticadas, fachadas de piedra y entramados de madera, además de pequeñas plazas y terrazas que llenan de vida el centro. No en vano, fue reconocida como la primera villa turística de La Rioja.
Durante los meses de verano, los festivales y las actividades culturales hacen el destino todavía más atractivo. Una combinación ideal para unas vacaciones entretenidas y fresquitas.
Valle de Roncal, chaqueta, zapatillas y bocadillo de queso
En este valle navarro la temperatura media de agosto ronda los 16 ºC, con días agradables y noches en las que incluso puede apetecer una chaqueta. El valle está formado por siete pueblos que conservan su arquitectura tradicional, con calles empedradas, grandes casas de piedra, tejados inclinados y características chimeneas. Desde Isaba se accede al valle de Belagua, el único de origen glaciar de Navarra, y al macizo de Larra, donde el senderismo es la mejor vía para apreciar la belleza de sus bosques.
El valle mantiene, además, sus tradiciones ganaderas y de montaña, que tienen su mejor reflejo gastronómico en el queso Roncal, elaborado con leche de oveja y protegido por Denominación de Origen.
Valle del Ambroz, entre pozas y piscinas naturales
Situado al norte de Cáceres, entre montañas que superan los 2.000 metros, bosques, gargantas y dehesas, el valle del Ambroz encuentra en el agua uno de sus grandes atractivos estivales. Sus pozas y piscinas naturales permiten refrescarse en plena naturaleza, con zonas de baño tan conocidas como las de Casas del Monte, Segura de Toro, Gargantilla y Abadía, una de las más grandes y equipada con césped, arena y merenderos. A ellas se suma Baños de Montemayor, famoso por sus aguas termales y por el paso de la antigua Vía de la Plata.
Hervás aporta el contrapunto cultural, con una de las juderías mejor conservadas de España, calles estrechas y casas tradicionales de entramado de madera. Un lujo en el que es posible dormir entre los 13 °C y los 15 °C, la temperatura media de este precioso pueblo en las noches de agosto.
Kinsale, la puerta de entrada a la Irlanda más salvaje
Colorida, creativa y abierta al mar, Kinsale es una pequeña localidad costera del condado de Cork, con calles de trazado medieval, una zona comercial repleta de tiendas de artesanía local y una gastronomía muy ligada al Atlántico, con las ostras y la sopa de pescado como grandes protagonistas.
Además, Kinsale marca el inicio de la Ruta Costera del Atlántico y sirve como puerta de entrada a West Cork, una región de penínsulas, bahías, playas casi desiertas y campos de un verde intenso. Un paisaje salvaje y poco masificado que encaja perfectamente con unas vacaciones pensadas para escapar del calor.
Lucerna, con un punto elegante
En el centro de Suiza, entre el lago de los Cuatro Cantones y las montañas, Lucerna consigue equilibrar como pocas ciudades el patrimonio, la cultura y una naturaleza espectacular. Su imagen más reconocible es el puente de la Capilla, una pasarela medieval de madera que cruza el río Reuss junto a la torre del Agua. Por su parte, el casco antiguo también merece una visita con los ojos bien abiertos para no perderse detalle de sus coquetas plazas o las elegantes fachadas históricas que todavía conservan trabajadas pinturas.
El lago siempre es protagonista en esta ciudad, pero en verano cobra todavía más importancia. Se puede recorrer en barco, pasear por la orilla o bañarse en algunas de sus zonas habilitadas mientras las montañas cierran el paisaje y se muestran como el decorado perfecto. Desde la ciudad también es fácil subir al monte Pilatus, tanto en tren de cremallera como teleférico, o acercarse al Rigi para descubrir esa Suiza verde, tranquila y elegante que tantas veces hemos visto en revistas, películas o folletos de vacaciones ideales.
El Círculo Dorado, la «coolcation» más espectacular
A pocos kilómetros de Reikiavik, el Círculo Dorado reúne en unos 250 kilómetros algunos de los paisajes que mejor explican por qué Islandia se ha convertido en uno de los destinos de moda y uno de los más deseados para escapar del calor. La ruta enlaza el Parque Nacional de Þingvellir, donde se separan las placas tectónicas de Norteamérica y Eurasia; la zona geotérmica de Geysir, con el géiser Strokkur entrando en erupción cada pocos minutos, y Gullfoss, una poderosa cascada que cae en dos grandes saltos y que está considerada como una de las más espectaculares.
En verano, las temperaturas suaves y las largas horas de luz permiten aprovechar al máximo el tiempo entre paisajes de lava y agua. Y si hace demasiado frio, siempre habrá un baño con aguas termales cerca.