Cinco destinos en los que todavía se puede sentir que es verano

El calendario puede marcar lo que quiera, pero si en tu cabeza sigue la necesidad de pasear por la arena, de comer helados y te resistes a guardar el pareo en el fondo del armario, estos son los destinos que debes tener presentes para esa escapada que empieza a ser necesaria.

Porque el verano no termina al mismo tiempo en todas partes. Hay lugares donde los primeros días de otoño siguen regalando sol, terrazas, baños en el mar y tardes que se alargan mucho más de lo que uno espera a estas alturas del año.

Monte Clérigo, Algarve

Cuando se habla del Algarve es fácil pensar primero en Faro, Albufeira o Lagos, pero hacia el noroeste el paisaje cambia bastante. Aquí empieza una costa más salvaje, menos urbanizada y abierta al Atlántico, dentro del Parque Natural del Suroeste Alentejano y Costa Vicentina, un enorme espacio protegido de cerca de 90.000 hectáreas.

En ese entorno aparece Monte Clérigo, una pequeña aldea marinera cuyas casas se asoman a una playa amplia, rodeada de naturaleza y frecuentada por surfistas. Con la marea baja, entre las rocas se forman pequeñas zonas más resguardadas, mientras que el resto del arenal mantiene ese carácter atlántico que la diferencia de las playas más tranquilas del sur del Algarve. Y si apetece completar el día, Aljezur queda a apenas diez kilómetros, con sus callejuelas encaladas y las ruinas de su castillo dominando el valle.

Salobreña, Granada

Este pequeño pueblo blanco del sur de la provincia de Granada está dentro de la franja de costa llamada Costa Tropical, un nombre que ya da una pista de que aquí se va a estar bien buena parte del año. Y no se trata de una simple estrategia de marketing. Esta zona disfruta de un microclima que permite cultivar frutas que necesitan temperaturas casi subtropicales, como aguacates, mangos o chirimoyas. Y si el tiempo es tan bueno para ellas, también lo es para organizar una escapada con sabor a verano, relax y muchas horas todavía para disfrutar al aire libre.

Salobreña es uno de los mejores lugares para comprobarlo. Su casco blanco trepa por un peñón coronado por un castillo, mientras el Mediterráneo se extiende a sus pies. Después de recorrer sus calles y asomarse a los miradores, solo queda bajar hasta la playa para dar un paseo, comer en un chiringuito y, quien sabe, incluso uno de los últimos baños del verano.

Malta

Malta lleva unos años ganando terreno entre los destinos mediterráneos y razones no le faltan. Los vuelos low cost y los precios a la hora de buscar alojamiento juegan a su favor. Su ambiente, patrimonio y buen clima rematan el combo que logra una escapada sencilla que siempre sale bien.

En muy poco espacio combina ciudades cargadas de historia, iglesias, palacios, arte, fortalezas y un patrimonio que recuerda el paso de diferentes civilizaciones, pero sin renunciar al mar ni a ese ambiente que todavía sabe a verano cuando en otros lugares ya empieza a cambiar la estación.

La Valeta concentra buena parte de ese patrimonio, pero basta salir un poco para encontrarse con calas de agua transparente, pequeñas playas y pueblos costeros en los que el día puede terminar fácilmente junto al Mediterráneo. Esa mezcla es precisamente una de sus grandes ventajas: por la mañana se puede recorrer una ciudad histórica y por la tarde cambiar la piedra dorada por un baño y una terraza al sol.

La Graciosa, Canarias

Para muchos, La Graciosa es el título de una de las canciones del verano; para otros, el nombre de uno de los rincones más especiales de Canarias. Imagina juntarlo y bailar la canción de Quevedo en este rincón del paraíso.

Aquí no hay grandes avenidas ni un paisaje urbano que recuerde demasiado a la rutina. Caleta de Sebo, sus playas de aguas claras y los caminos que recorren la isla mantienen ese aire de verano sencillo y despreocupado que apetece todavía más cuando septiembre empieza a avanzar. Además, las temperaturas suaves de Canarias permiten alargar los baños, los paseos junto al mar y olvidarse el abrigo por un tiempo.

Sidi Bou Said, Túnez

A veces, cuando se busca una escapada para alargar el verano, no basta con encontrar buen tiempo. También apetece que el viaje suponga un cambio más radical, de esos en los que cambian la arquitectura, los sabores y hasta la forma de mirar alrededor. Túnez cumple perfectamente con esa idea y Sidi Bou Said es uno de sus rincones más atractivos.

Sus casas blancas con puertas y ventanas azules, los cafés tradicionales y las vistas al Mediterráneo crean un escenario completamente distinto al de cualquier destino peninsular. A ello se suma una gastronomía con mucho carácter, especias, dulces, té con menta y platos que hacen que incluso una escapada corta parezca un viaje mucho más lejano. Es decir, una de esas escapadas que cuenta por 10.