Cinco destinos en los que celebrar los 250 años de Estados Unidos
Hay fechas que conocemos incluso sin haberlas celebrado nunca y el 4 de julio ocupa una posición bastante alta en esta lista. El poder de Hollywood nos ha dejado claro que es día de barbacoas, desfiles y fuegos artificiales. Este año, además, la fecha llega con un peso especial porque Estados Unidos cumple 250 años desde la Declaración de Independencia. Un aniversario que quieren celebrar por todo lo alto y que nos anima a descubrir o redescubrir algunos de los clásicos americanos.
Cierto es que quizá no atraviese su momento más amable en política, pero sigue siendo uno de esos destinos capaces de reunir en un mismo mapa (con una extensión casi 20 veces mayor que España) ciudades históricas, iconos reconocibles, paisajes descomunales y rincones que parecen sacados de una película.
Washington concentra buena parte de los grandes símbolos del poder, desde la Casa Blanca hasta el Capitolio, pero la historia de Estados Unidos no se entiende solo desde su capital. También se cuenta en las ciudades donde empezó la revolución, en los puertos por los que llegaron millones de personas, en el lejano Oeste que tantas películas inspiró y en lugares donde la mezcla de culturas terminó creando una personalidad propia. Por eso este aniversario es también una buena excusa para planear un viaje por algunos de sus destinos más emblemáticos y aquí va una buena lista.
Filadelfia, donde empezó todo
La primera en la lista de ciudades a visitar en este aniversario debe ser Filadelfia. Aquí se aprobó la Declaración de Independencia el 4 de julio de 1776, es decir, aquí tuvo lugar el nacimiento político de Estados Unidos. La visita debe empezar en Independence Hall, donde se debatió y firmó buena parte de esa historia, y continuar junto a la Liberty Bell, uno de los grandes símbolos de la libertad estadounidense.
Pero Filadelfia no vive solo de su pasado. El casco histórico se puede recorrer a pie y conviene combinarlo con el Philadelphia Museum of Art, famoso también por las escaleras de Rocky; el Reading Terminal Market, uno de los mercados públicos cubiertos más antiguos y conocidos de Estados Unidos, o alguno de sus barrios llenos de murales. Pocas ciudades permiten poner fecha, lugar y contexto al nacimiento del país de una forma tan directa.
Boston, la ciudad que encendió la mecha
Antes de que Filadelfia pusiera la firma, Boston ya había empezado a calentar la revolución. La ciudad está muy ligada a algunos de los episodios que precedieron a la independencia, desde el famoso Boston Tea Party hasta las primeras tensiones con los británicos. Por eso recorrerla es una forma muy visual de entender cómo se fue construyendo el camino hacia el 4 de julio. Y es que, aunque para nosotros 250 años no sea ni la mitad de la antigüedad de la iglesia de nuestro pueblo, en ese tiempo los hechos se sucedieron a mucha velocidad y provocaron grades cambios que todavía son visibles en la sociedad.
El Freedom Trail, una ruta marcada en el suelo que une algunos de los lugares históricos más importantes de la ciudad, es la mejor manera de seguir ese relato sin perderse. En el camino aparecen la Old State House, la casa de Paul Revere, iglesias históricas, cementerios antiguos y rincones que ayudan a imaginar la ciudad colonial. Después, merece la pena acercarse al puerto, visitar el Boston Tea Party Ships & Museum; pasear por Beacon Hill, uno de sus barrios más bonitos, o cruzar hasta Cambridge para ver Harvard, otro rincón muy de película.
Nueva York, el icono que todos reconocemos
Nueva York cuenta con la imagen más poderosa de todo el país. Sus rascacielos, los taxis amarillos, Times Square, Central Park, Broadway o el puente de Brooklyn forman parte de una memoria colectiva alimentada durante décadas por el cine, la televisión y la música. Y por eso mismo, estar allí se siente como entrar en un capítulo de una serie. Una fantasía.
La Estatua de la Libertad y Ellis Island recuerdan esa América de la inmigración, de los comienzos difíciles y de las oportunidades soñadas, aunque hoy sea el lugar en el que hacer la foto para el recuerdo y una de las excursiones más repetidas. Tampoco puede faltar la subida al mirador del Empire State Building o del Top of the Rock, el Memorial del 11-S, el MoMA, la High Line, los barrios de Brooklyn, un musical de Broadway, un paseo por Central Park, una cena en Chinatown, mirar escaparates en la Quinta Avenida… y una lista infinita de planes que ya has escuchado en más de una ocasión.
Wyoming, hacia el lejano oeste
Para viajar a la América de los cowboys, los grandes espacios abiertos y los paisajes que parecen sacados de un western, Wyoming es una apuesta segura. Aquí el imaginario del Oeste sigue muy presente entre ranchos, rodeos, pueblos con estética fronteriza y carreteras que cruzan escenarios inmensos.
Cody, vinculada a la figura de Buffalo Bill, es uno de los lugares más interesantes para acercarse a esa cultura western, con museos dedicados al Oeste, espectáculos de rodeo en temporada y ese ambiente que tantos viajeros buscan. Jackson Hole suma el lado más turístico y sofisticado, con alojamientos de montaña, galerías, restaurantes y acceso a paisajes espectaculares. Desde allí es fácil enlazar con el Parque Nacional de Grand Teton y con Yellowstone, uno de los grandes iconos naturales del país, famoso por sus géiseres, bisontes, cascadas y paisajes volcánicos. Un destino muy auténtico al que hay que ir con botas cowboy y camisa de cuadros.
Nueva Orleans, la América más mestiza
Si hay una ciudad capaz de demostrar que Estados Unidos no se explica con una sola voz, esa es Nueva Orleans. Su historia mezcla herencia francesa, española, africana, caribeña y estadounidense, y el resultado es una ciudad con una personalidad que no se parece a ninguna otra. Aquí la música sale a la calle, la cocina criolla y cajún forma parte del viaje y el Mississippi sigue marcando el camino y el ritmo.
El French Quarter es el punto de partida más reconocible, con sus clásicos balcones, sus fachadas de colores, Jackson Square y la catedral de San Luis. Después llegan los clubes de jazz de Frenchmen Street, los tranvías que recorren la ciudad, el Garden District con sus mansiones históricas… y mucho más.
También conviene reservar tiempo para probar gumbo, jambalaya, beignets o un po’boy, porque en Nueva Orleans la gastronomía cuenta casi tanto como los monumentos. Y nada tiene que ver con una hamburguesa o un perrito caliente.