Cinco ciudades a las que siempre es buena idea volver
Sevilla, una cada estación
La primera vez que vas a Sevilla es fácil caer en el tópico: catedral, Giralda, Real Alcázar, barrio de Santa Cruz y foto al atardecer junto al río. Y está bien que sea así. Pero el motivo por el que siempre es buena idea volver no está en esa primera postal, sino en cómo cambia la ciudad con cada estación y con cada fecha marcada en el calendario. No es la misma Sevilla en marzo, en abril o en noviembre. Algo que es una gran suerte.
En invierno, con sus suaves temperaturas, es un placer pasear por sus calles y tomarse un descanso de las múltiples capas que hay que ponerse al salir a la calle en otros puntos del país. Es el momento ideal para perderse por Triana, descubrir nuevos rincones y formar parte de la vida local. En dos días, con la primavera asentada, las calles se llenan de su característico olor a azahar y la agenda se llena de citas importantes como la Semana Santa o la Feria. Y tocará volver de nuevo.
San Sebastián, homenaje gastro
Hay ciudades que recuerdas por sus monumentos, por la vida nocturna o por sus alrededores. En el caso de esta ciudad vasca ese algo que logra que no la olvides es la comida. Sus restaurantes suman 18 estrellas Michelin y este es solo un indicativo más del alto nivel que tiene que su gastronomía.
Ir de pintxos es el plan más fácil y repetido, pero también se puede reservar mesa en un restaurante de renombre o en una sidrería tradicional. Y menos mal que luego está la playa de La Concha y su paseo por el que siempre apetece pasear para bajar la comida o el monte Igueldo, a donde subir para quemar calorías y para disfrutar de una de las mejores vistas de la ciudad
París, colarse en un cuadro
La postal de la Torre Eiffel, el Sena y el Louvre están ahí, esperando siempre, pero lo que hace que siempre sea buena idea volver es que no solo eso es parte de la postal perfecta. La capital francesa está llena de rincones tan idílicos que parecen decorados y tan perfectos que es complicado decidirse solo por uno.
La primera vez siempre está marcada por las prisas de querer hacerlo todo. Subir a la Torre Eiffel, visitar la catedral (ahora con el aliciente de su reapertura) conocer el barrio Montmartre y sentir las vibras de los artistas callejeros, surcar el Sena, cotillear los escaparates de la Plaza Vendôme… son demasiados los imprescindibles y por eso se necesita una segunda oportunidad. Esa en la que ya hay tiempo para sentarse en sus clásicos cafés y degustar un auténtico croissant, detenerse ante las obras del Musée d’Orsay o perderse entre las fachadas Art Nouveau del distrito 16, ese que empieza junto al Arco del Triunfo o entre las galerías y tiendas del Marais más auténtico.
Londres, el plan que se renueva
Londres es esa amiga que, cada vez que quedas con ella, ha cambiado algo: corte de pelo, trabajo, barrio, aficiones… y aun así sigue siendo la misma. Puedes ir diez veces y nunca sentir que estás repitiendo exactamente el mismo viaje.
En la capital británica siempre hay un barrio nuevo, un mercado que ahora es el de moda (Camden, Portobello, Covent Garden, Borough, Spitalfields y vuelta a empezar), un musical que acaba de estrenarse o un restaurante que asegura tener el mejor mirador de la ciudad… Eso sí, que nunca falte la foto en la cabina roja de teléfono, otra con el Big Ben y la espera para ver el cambio de guardia en el palacio de Buckingham
Ámsterdam, con ganas de más
Sus canales, las casas de colores inclinadas y las bicicletas que aparecen por todas partes son la carta de presentación de una de las ciudades más atractivas de Europa. Pero se necesita una segunda vuelta para fijarse en detalles que antes pasaron desapercibidos, como sus patios escondidos detrás de las fachadas, los mercados de barrio, los cafés donde todo tiene buena pinta.
Una escapada la puedes dedicar a los museos, que los hay para todos los gustos, otra para salir de los clásicos anillos de canales y perderse por Jordaan, el barrio que reúne las mejores tiendas tanto de las marcas más actuales como las que son un templo de la segunda mano. También puede quedar tiempo para cruzar en el ferry hacia el norte para ver cómo antiguos muelles industriales se han convertido en espacios culturales que siempre tienen algo nuevo que ofrecer.