Castillos, viñedos, naturaleza y mucha historia caben en una sola escapada a Vendée

Francia siempre es un acierto. Sus pueblos derrochan encanto, es fácil caer rendido ante su gastronomía y no digamos a su estilo y «saber hacer». Por eso, encontrar nuevos destinos que se salgan de los clásicos y de aquellos que mejor publicidad han hecho siempre es un aliciente para visitar el país vecino.

Vendée, situada al sur de Nantes, en la región Países del Loira, es una de las zonas que merecen estar en la lista de «lugares por visitar» y son varios los motivos.

Marcada por la historia

Para entender Vendée conviene empezar por su pasado. Durante la Revolución francesa, esta zona del oeste del país fue escenario de uno de los momentos clave del conflicto. Así, es fácil dar con lugares que dieron nombre a batallas o monumentos que recuerdan aquella época.

Otra forma de aprender de historia y revivir momentos que marcaron toda una época es visitando Puy du Fou, el parque más visitado de Francia. Al igual que su versión española ubicada en Toledo, el de Francia cuenta hechos históricos a través de espectáculos de un altísimo nivel. Su gran emblema es La Cinéscénie, el show nocturno que nació en 1978 y que se apoya en miles de voluntarios de la zona para recrear, con tecnología y puesta en escena, siglos de historia francesa.

Muy real

No todo son espectáculos, también escenarios muy reales que siguen en pie y en los que se puede sentir el peso de la historia. Para empezar fuerte, el Château de Talmont, en Talmont-Saint-Hilaire. Una fortaleza con orígenes muy antiguos y con nombres tan reconocidos como Leonor de Aquitania y Ricardo Corazón de León. Un punto más oscuro tiene Tiffauges, conocido como el «castillo de Barba Azul»: aquí aparece la figura de Gilles de Rais y el conjunto conserva ese aire de ruina medieval que te hace imaginar fácilmente otro siglo.

Para completar la ruta hay otras dos paradas imprescindibles, cada una a su estilo. En el Logis de la Chabotterie destaca la figura de Charette, quien fue capturado entre sus bosques en 1796, uno de los episodios más simbólicos de la Guerra de la Vendée. Y el Château de Terre-Neuve, cerca de Fontenay-le-Comte, aporta el contraste renacentista: una residencia de finales del XVI famosa por detalles interiores como su gran chimenea con símbolos alquímicos, que le han dado fama de «casa filosofal». Si aún te queda tiempo, hay más paradas fotogénicas para rematar, como Commequiers, con sus ruinas junto al agua, o Apremont, perfecta para un paseo breve con vistas.

Más allá de la costa

El interior de Vendée es tan interesante como su costa. El mejor ejemplo es el Marais Poitevin, la famosa «Venecia Verde», un laberinto de canales por los que perderse tanto en barca como en bici por los caminos que lo rodean.

Y cuando ya te has acostumbrado a esa calma y al fluir del agua, llegan los viñedos. Aquí el vino tiene carácter atlántico y personalidad propia, lejos de las etiquetas más conocidas del país. La denominación Fiefs Vendéens agrupa varias zonas que merece la pena apuntar si te gusta probar cosas nuevas, como Brem, Mareuil, Vix, Pissotte o Chantonnay. Nombres perfectos para disfrutar de una cata y para llevarse un recuerdo en forma de botella y brindar en casa por los buenos recuerdos.