Cómo cambió la seguridad en los aviones y aeropuertos después del 11-S: de controles de equipaje más estrictos a cabinas blindadas
Los atentados del 11 de septiembre no solo marcaron la historia de los Estados Unidos, también supusieron un antes y un después en el sector de la aviación comercial. En un mundo en el embarcar en un avión no suponía más que pasar unos controles de seguridad laxos, las normas se endurecieron fuertemente para evitar otra tragedia similar. Y no solo en los aeropuertos, los protocolos y sistemas de seguridad en los aviones también se modificaron y reforzaron.
Aquel fatídico día de 2001, del que hoy se cumplen 25 años, cuatro aviones comerciales fueron secuestrados y estrellados en las Torres Gemelas, el Pentágono y el municipio de Shanksville, este último con el verdadero objetivo de alcanzar el Capitolio o la Casa Blanca, según investigaciones posteriores. Esto demostró que algunas de las medidas diseñadas para detectar e impedir los actos terroristas no estaban preparadas para una amenaza de este calibre.
La mejora de la seguridad tras los atentados afectó prácticamente a todas las fases del viaje: desde el momento en el que un pasajero entra en una terminal hasta que el avión aterriza en su destino. Se reforzaron los controles de pasajeros y equipajes, se restringió el acceso a las zonas de operaciones de los aeropuertos y se introdujeron nuevos sistemas para proteger las cabinas de los pilotos.
El aeropuerto como zona de extrema seguridad
En Estados Unidos, víctima de los ataques, sucedieron los principales cambios. Hasta ese momento, los controles de seguridad de los aeropuertos del país los realizaban principalmente empresas privadas contratadas por las aerolíneas. Sin embargo, en noviembre de 2001, se creó la Aviation and Transportation Security Administration (TSA), una nueva agencia federal encargada de proteger los sistemas de transporte estadounidense, como por ejemplo esos controles aeroportuarios.
Además, después del 11-S, se reforzó la separación entre las zonas públicas y las zonas restringidas de los aeropuertos. El objetivo era evitar que una persona pudiera acceder libremente a lugares desde los que pudiera interferir con las operaciones aeroportuarias o con un avión. Hasta entonces, los familiares y amigos podían acompañar a los pasajeros hasta la misma puerta de embarque del vuelo, algo totalmente impensable a día de hoy.
En el caso de la Unión Europea, en 2002 la legislación estableció controles de acceso a las zonas de operaciones, protección de las instalaciones sensibles, vigilancia de determinadas áreas del aeropuerto mediante patrullas, sistemas de circuito cerrado de televisión y otros mecanismos de supervisión.
Un control más estricto sobre el equipaje
Un cambio que los pasajeros empezaron a experimentar directamente fue el endurecimiento de los controles antes de entrar en las zonas de embarque. La detección de objetos prohibidos pasó a ocupar un papel mucho más importante y la vigilancia sobre los pasajeros y el equipaje se fue haciendo cada vez más sofisticada. Por ejemplo, se empezó a revisar la totalidad de las maletas que se cargaban en la bodega, algo que no ocurría hasta el momento.
En cuanto al equipaje de mano, se prohibieron artículos que hasta entonces sí podían pasar, pero que podían ser utilizados como armas. Por ejemplo, pequeños cuchillos, cúteres, herramientas de trabajo, artículos deportivos (como bates de beisbol)… Además, un intento de atentado en diciembre de 2001 en un avión que viajaba de París a Miami hizo que nuevamente se repensasen y intensificasen las inspecciones de seguridad. El terrorista ocultó carga explosiva en sus zapatos, de modo que se estableció que los pasajeros tenían que descalzarse al pasar los controles de acceso.
¿Y la limitación de líquidos que nos prohíbe llevar más de 100 ml? Esta se introdujo en 2006, cuando otro atentado frustrado, esta vez en Reino Unido, intentó hacer explotar varios aviones que viajaban desde el aeropuerto de Heathrow en Londres hacia ciudades de Estados Unidos y Canadá utilizando bombas líquidas.
Cabinas de pilotos ultrareforzadas
Una vez dentro del avión, continuaron los cambios. Las puertas de las cabinas de los pilotos se sustituyeron, pasando de ser frágiles y fáciles de traspasar a la fuerza a estar blindadas con mecanismos de alta seguridad. Aunque la orden inicial de aplicar este rediseño nació en Estados Unidos de la mano de la Administración Federal de Aviación de EE. UU., poco después, la OACI (el organismo de la ONU que regula la aviación civil) estableció igualmente su obligatoriedad a nivel internacional. Esta agencia también dictaminó la prohibición terminantemente de que personas no autorizadas o pasajeros accedieran a la cabina durante todo el vuelo.
Las puertas empezaron a fabricarse con materiales muy resistentes, como fibra de carbono, kevlar y paneles metálicos reforzados, haciéndolas resistentes a impactos de balas, fragmentos de granadas y la fuerza física de varias personas intentando derribarla. Asimismo, se introdujo el bloqueo electromagnético, un sistema que la mantiene cerrada de forma automática y permanente mediante electroimanes de gran potencia.
La seguridad se reforzó también con un sistema que otorga a los pilotos el control sobre la puerta, además de un panel exterior que permite el acceso a un miembro de la tripulación en casos de emergencia introduciendo un código. Incluso se añadieron mirillas de lente gran angular o cámaras de video exteriores para que los pilotos puedan ver quién está afuera antes de abrir.
Una evolución constante en materia de seguridad
Más de dos décadas después de los atentados, la seguridad aérea continúa en constante evolución. La introducción de sistemas de tomografía computarizada, las tecnologías de verificación de identidad, los escáneres de seguridad corporal, la inteligencia artificial y el control biométrico, entre otras novedades, son un reflejo de ese progreso.
Poco a poco, se han ido incorporando estas tecnologías que tienen como objetivo que los controles sean cada vez más eficaces y menos dependientes de los procedimientos manuales. Al mismo tiempo, estas mejoras también agilizan el paso de los pasajeros, por ejemplo, el uso de equipos más avanzados en algunos aeropuertos está permitiendo que estos no tengan que sacar sus aparatos electrónicos durante los controles de seguridad.
En definitiva, a medida que han ido apareciendo nuevas amenazas, se han ido aplicando medidas más estrictas y tecnologías más modernas y precisas para combatirlas. Todo ello demuestra cómo volar en avión cambió por completo desde aquel 11 de septiembre y que muchos de los protocolos que hoy nos parecen normales son consecuencia directa de aquella transformación.