El pueblo aragonés del que parte la ruta más alucinante y luego se puede dormir con manta en verano

Hay muchas rutas de senderismo bonitas, pero existe un pequeño grupo tan espectacular que debería ser obligatorio recorrerlas al menos una vez en la vida. Y la que une la Pradera de Ordesa con la Cola de Caballo podría ocupar perfectamente el primer puesto de la lista. Y este es uno de los muchos motivos por lo que reservar unos días este verano para visitar Torla, una pequeña localidad de la provincia de Huesca que en verano vive su mejor momento.

Hasta llegar a la famosísima Cola de Caballo hay unos 10 kilómetros desde la Pradera, pero sobra decir que el camino es tan espectacular como la propia cascada. Un camino perfectamente señalizado entre bosques de hayas, pinos y abetos, paredes montañosas y un río que acompaña buena parte del recorrido.

Muy accesible

No todo el mundo puede recorrer los casi 20 kilómetros de ida y vuelta, pero aquí eso no es un gran problema ya que hay otras opciones. Ya el paisaje de la Pradera es una maravilla y la primera parte de la ruta está perfectamente acondicionada para personas con sillas de ruedas o familias con carritos de bebé.

Además, mucho antes de alcanzar la Cola de Caballo aparecen las cascadas de Arripas, la Cueva y el Estrecho, saltos de agua más pequeños, pero igualmente preciosos y perfectas para hacerse esa foto para el recuerdo en un lugar muy especial.

Es importante saber que durante el verano no está permitido acceder a la Pradera de Ordesa en coche particular. El vehículo debe dejarse en el aparcamiento gratuito situado junto al Centro de Visitantes, a la entrada de Torla, y desde allí tomar el autobús lanzadera oficial, Ordesabus, que realiza el trayecto hasta el parque.

Para terminar el día

Torla es mucho más que el punto de partida. Este pequeño pueblo de Huesca conserva toda la esencia de la arquitectura pirenaica, con casas de piedra, tejados oscuros y calles desde las que siempre aparece alguna montaña al fondo. Su silueta, dominada por la iglesia de San Salvador y recortada frente al macizo de Mondarruego, es una de las imágenes más reconocibles del valle.

Después de una jornada caminando, el plan continúa en sus terrazas y restaurantes, entre platos de cocina aragonesa y el ambiente tranquilo de un pueblo de montaña. Y cuando cae la noche llega otro de sus grandes lujos: mientras buena parte de España intenta dormir con el ventilador encendido, en Torla las temperaturas de verano pueden pedir una chaqueta e incluso una manta.