La Francia más desconocida: pueblos medievales y una de las iglesias más bellas del románico europeo

Francia siempre es una gran opción cuando planeamos una escapada cerca de España, pero demasiadas veces decidimos ir en busca de los lugares más populares, dejando de lado otros rincones sorprendentes que bien merecen un viaje. Seguramente ni has oído hablar de Auvernia, una de las regiones más desconocidas del país vecino y de las más interesantes. Si te apetece descubrir ‘la otra Francia’, la que muchos turistas ignoran, te animamos a ponerte al volante y hacer un recorrido entre paisajes montañosos espectaculares con paradas en pequeños pueblos medievales que por su belleza, tranquilidad y pocos turistas hay que saborear sin prisas. Lo que viene siendo unas vacaciones ideales de las que casi ya no quedan.

Brioude, un paseo entre coloridas y animadas calles

Comenzamos el recorrido por esta región apacible y tranquila del corazón de Francia descubriendo esta ciudad del Alto Loira que seguro te cautivará con sus encantadoras calles de coloridas fachadas y su relevante patrimonio, entre el que destaca la Basílica de Saint-Julien. Construida entre los siglos XI y XIII sobre la tumba de San Julián (patrón de la ciudad), fue un importante lugar de peregrinación durante la Edad Media. Se encuentra en pleno casco antiguo y en su interior no hay que pasar por alto su policromía y las vidrieras contemporáneas creadas por el artista y fraile dominico surcoreano Kim En Joong que realzan la belleza de esta iglesia románica que lleva a gala ser la más grande de toda la región.

Sobre el valle del Allier: Vieille-Brioude

Y tras cinco minutos en coche dirección sur, en todo lo alto de un espolón rocoso aparece ante nuestros ojos Vieille-Brioude. Con más de mil años de antiguedad, el pueblo se mantiene como un verdadero remanso de paz entre escarpadas colinas y verdes valles. La mejor manera de disfrutarlo: con un agradable paseo tanto por los alrededores como por las calles del pueblo. Además de sentir la calma que trasmite Vieille-Brioude, también hay que dedicar un tiempo a descubrir su interesante patrimonio, del que destacamos el puente (que sirvió durante siglos como cruce estratégico sobre el río Allier), la iglesia de San Vicente, del siglo XII, y el antiguo leprosario del siglo XII, que se encuentra actualmente en manos privadas.

Lavaudieu, el encanto de lo auténtico

Tan solo hay que recorrer ocho kilómetros para adentrarnos en este pueblo medieval que no solo es uno de los más bellos de Francia, también es una parada obligatoria para los amantes de la historia. Entre las mejores actividades, algo tan cotidiano como dejarse llevar por las calles empedradas del pueblo donde sentirás que el reloj ha retrocedido en el tiempo.

Pero sobre todo la principal razón de visitar este pueblo es la abadía benedictina entorno a la que surgió la localidad de Lavaudieu. En el interior descubrirás dos joyas imperdibles: su claustro románico (el único que sobrevivió intacto en la región a las destrucciones de la Revolución Francesa) y los frescos bizantinos de finales del siglo XII que decoran los muros del antiguo refectorio o comedor de las monjas. Muchos turistas no encontrarás, pero sí puedes cruzarte en cualquier momento con un rebaño de ovejas atravesando las calles.

Blesle, patrimonio medieval y variada arquitectura

Son 31 kilómetros los que separan Lavandieu de Blesle, otra preciosa localidad medieval que también pertenece a la asociación de los pueblos más bellos de Francia. Situado en el valle del Alagnon, en su interior encontrarás un casco antiguo de arquitectura variada donde las señoriales mansiones se codean con otras casas de entramado de madera. Entre los lugares más destacados está el castillo medieval de Mercœur con una torre conocida como la Torre de los Veinte Ángulos por la complejidad de su trazado.

Platos de tradición rural

Durante tu paso por la región de Auvernia cada una de las las paradas también serán un pretexto para descubrir su gastronomía. Platos de montaña como la potée auvergnate (guiso de cerdo con verduras) o la contundente trouffade. Pero que su nombre no te confunda porque se elabora con patatas, queso fresco y ajo con un resultado a la vez suave y crujiente. Se suele servir acompañado de una loncha de jamón de Auvernia y ensalada verde.