Qué hacer y qué ver en la región alemana que cada vez gusta más a los españoles

No hay duda de que España sigue siendo uno de los destinos favoritos de los alemanes, sobre todo cuando buscan sol, playa y buen tiempo. Pero ¿qué busca un español cuando viaja a Alemania? La respuesta aparece rápido al mirar el mapa de los destinos que más interesan y de las regiones que más han crecido en el último año: historia, patrimonio y ciudades llenas de encanto.

Ahí es donde Renania del Norte-Westfalia empieza a ganar posiciones. Frente a nombres más habituales como Berlín, Baviera o la Selva Negra, esta región del oeste de Alemania se ha colado con fuerza en los planes de los viajeros españoles gracias, en parte, al aumento de las conexiones aéreas con Düsseldorf, lo que ha ayudado a que solo en un año creciera casi un 10 % el número de visitantes de nuestro país.

Sus encantos

Además de lo fácil que resulta ahora llegara, este destino es muy agradecido ya que en pocos días se pueden combinar ciudades tan distintas como Düsseldorf, Colonia o Aquisgrán, seguir el curso del Rin, visitar una de las catedrales más impresionantes de Europa, entrar en antiguos espacios industriales reconvertidos y descubrir castillos que parecen hechos para desmontar la idea de que esta zona solo vive de oficinas y ferias.

1. Empezar por Düsseldorf, la puerta de entrada

Ya que existen muchas posibilidades de que Düsseldorf sea el aeropuerto al que se llegue, mejor no dejar de pasar la oportunidad de visitarla. Se trata de una ciudad que combina la parte elegante de la Königsallee, el ambiente de su casco antiguo, el paseo junto al Rin y la arquitectura contemporánea del MedienHafen.

2. Conocer Colonia y su catedral

A menos de una hora de Düsseldorf, Colonia es una de esas visitas que justifican el viaje casi por sí solas. Su catedral gótica, Patrimonio Mundial de la Unesco, impresiona ya de lejos gracias a sus dos torres de 157 metros que logran que este edificio sea visible desde cualquier punto de la ciudad, de hecho, fue el edificio más alto del mundo entre 1880 y 1884.

Para los españoles, su interior también tiene algo muy especial, ya que aquí se custodia el relicario de los Reyes Magos. Los restos de Melchor, Gaspar y Baltasar llegaron desde Milán hasta Colonia a principios del siglo XII y hoy descansan en el que es el relicario más grande de Europa Occidental, con forma de basílica de dos niveles y elaborado con oro, plata y piedras preciosas.

Después toca pasear por el casco antiguo, acercarse al Rin, cruzar el fotogénico puente Hohenzollern y dejar tiempo para alguno de sus museos.

3. Viajar al tiempo de Carlomagno en Aquisgrán

Aquisgrán, o Aachen, es una de las grandes sorpresas de la región. Fue la ciudad favorita de Carlomagno y conserva una catedral que guarda buena parte de esa memoria imperial. Su capilla palatina es uno de los espacios más importantes del arte medieval europeo y una visita que no se parece a ninguna otra. Además, la ciudad tiene tradición termal, ambiente universitario y esa mezcla fronteriza tan curiosa, con Bélgica y Países Bajos a un paso.

4. La industria también puede ser patrimonio

Renania del Norte-Westfalia tiene pasado industrial, sí, pero eso no juega en contra. Al contrario. El mejor ejemplo es el complejo minero de Zollverein, en Essen, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Lo que fue una de las grandes minas de carbón de Europa se ha convertido en un enorme espacio cultural, con museos, diseño, exposiciones y arquitectura industrial de primer nivel. Es una visita perfecta para entender cómo una región puede transformar su pasado en uno de sus mayores atractivos.

5. Seguir el Rin entre castillos y pueblos con encanto

Para completar la ruta, conviene salir un poco de las grandes ciudades y seguir el curso del Rin. El castillo de Drachenburg, cerca de Bonn, es una de esas paradas que parecen pensadas para romper cualquier prejuicio sobre la región. No es medieval, aunque lo parezca, sino una fantasía historicista del siglo XIX con torres, salones recargados y vistas al río. Y si sobra tiempo, Bonn añade el atractivo de Beethoven, museos interesantes y un centro agradable para pasear.