El pueblo de España que el agua se tragó: así es la leyenda del Lago de Sanabria

De las aguas tranquilas que reflejan las montañas en el norte hasta los embalses que sostienen la vida en el interior, España es un mosaico perfecto de lagos, lagunas y zonas húmedas que cambian por completo el paisaje de nuestro país. Los lagos glaciares del Pirineo, las Tablas de Daimiel o el Lago de Sanabria, son solo una pequeña muerta de la enorme diversidad del territorio. Y es precisamente de este último sobre el que circula una curiosa leyenda que quizás no muchos conocen.

Sanabria, situado en la provincia de Zamora, es una tierra de historias fantásticas. Entre ellas, también tiene su espacio la que está relaciona con la creación de este famoso lago. Quizás muchos le dan relevancia por ser una premonición de lo que posteriormente ocurrió en Ribadelago.

La leyenda del Lago de Sanabria

El relato cuenta que bajo las aguas del lago estaba Valverde de Lucerna. Un día llegó a esta aldea un peregrino que clamaba ayuda. Nadie quiso atenderle, salvo unas panaderas que estaban horneando. Compadecidas por él, le permitieron entrar en el horno para refugiarse del frío y le ofrecieron algo de masa para alimentarse. Esta masa creció de forma inesperada hasta desbordar el horno, lo que dejó sorprendidas a las mujeres.

Fue entonces cuando el peregrino, que según dice la leyenda era Jesucristo, reveló el castigo que caería a la aldea por su falta de caridad. El pueblo quedaría inundando y sus habitantes tendrían que huir a las montañas para salvarse. Después, el hombre clavó el bastón en el suelo y pronunció unas palabras que marcaron el destino de este lugar: «Aquí fico mi estacón, / Aquí salga un gargallón.»

El agua empezó a brotar con fuerza hasta la aldea quedó completamente inundada, salvo el lugar en el que estaba el horno. A día de hoy, esto se identifica con la pequeña isla que emerge en el Lago de Sanabria.

Lo más inquietante de esta leyenda no es el castigo, sino lo que aun permanece oculto. Se dice que cada noche de San Juan, solo las personas que se consideran bondadosas y generosas son capaces de escuchar las campanas de la iglesia que quedó bajo el agua. Turismo de Sanabria sostiene que quienes tienen un buen corazón pueden oír el sonido del campanario sumergido.

A pesar de ello, existe otra versión que introduce un pequeño matiz. En este caso, explican que desde hace años nadie ha vuelto a percibir ese repique. E incluso la leyenda habla de un episodio en el que dos bueyes, Redondo y Bragao, intentaron recuperar las campanas. Solo uno de ellos consiguió avanzar, mientras que el otro no pudo completar el esfuerzo.