De Dubai a Bilbao: cinco museos que impresionan incluso antes de entrar

La idea de que los museos son sitios anticuados y aburridos está tan desfasada que basta con mirar algunos de los edificios modernos para desmontarla. Hoy, muchos se piensan casi de fuera hacia dentro, con fachadas que son una sorpresa o elementos que logran que se integren con el paisaje de una forma magistral.

En esta selección reunimos museos repartidos por el mundo que impactan nada más verlos y que seguro que son los protagonistas de la primera foto de la visita.

1. Museum of the Future (Dubai)

En una ciudad acostumbrada a lo excesivo no es fácil llamar la atención, pero este edificio lo consigue. El Museum of the Future es un gigantesco óvalo plateado, una especie de anillo hueco u «ojo» que se asoma a Dubai desde una colina verde artificial. Mide unos 77 metros de altura, repartidos en siete plantas, y se considera uno de los edificios más complejos del mundo a nivel estructural, ya que no tiene columnas interiores al uso, sino que el anillo se sostiene gracias a una densa malla de acero.

La fachada es una de las más fotografiadas de la ciudad y no es de extrañar. Está revestida con acero inoxidable y paneles de fibra de vidrio organizados en 1.024 piezas únicas fabricadas por robots, un guiño nada casual al mundo digital (1.024 es la cifra básica de un kilobyte). Los huecos de esa piel metálica forman frases en caligrafía árabe que funcionan como ventanas: de día dejan pasar la luz tamizada a través de las letras y, de noche, se iluminan con miles de LEDs hasta convertir el edificio en una linterna futurista.

Las frases que se pueden leer son citas del jeque Mohammed bin Rashid sobre el futuro y la innovación, escritas por el artista Matar Bin Lahej, y completan el simbolismo del conjunto: la colina verde representa la tierra, el anillo plateado la humanidad y el conocimiento actual, y el vacío central, todo lo que aún está por imaginar. Dentro encontramos una experiencia inmersiva dedicada a la ciencia y la tecnología, como no podía ser de otra forma con esta presentación.

2. Depot Boijmans Van Beuningen (Róterdam)

Parece una inmensa maceta plateada que ha crecido en medio de un enorme parque, pero en realidad es el primer almacén de arte del mundo abierto al público. Gracias a su fachada de acero espejado que refleja el cielo, los edificios de alrededor y los árboles del parque, se «camufla» en su entorno, lo que no quiere decir que pase desapercibido, ya que es uno de los grandes reclamos de la ciudad.

Si su forma no es convencional, su interior tampoco, al igual que su contenido. Lo que guarda dentro no es una colección al uso, sino los fondos del cercano Museo Boijmans. Es decir, lo que no cabe en el museo principal. De ahí la forma tan diferente de exponer las obras. La gracia está en ver lo que normalmente permanece oculto —almacenes, restauración, conservación— y entender cómo se cuida una colección completa. En la azotea, un jardín con árboles y un restaurante rematan la visita con una de las mejores vistas de Róterdam, una ciudad que en arquitectura tiene mucho que decir.

3. NEMO Science Museum (Ámsterdam)

Países Bajos lleva años mimando la arquitectura contemporánea, y Ámsterdam es un buen ejemplo. La ciudad de los canales ha ido sumando edificios contemporáneos llamativos y el NEMO es uno de los que primero llaman la atención. En parte porque, si llegas en tren o barco es uno de los primeros que ves. Asomado al agua como si fuera un barco varado, este museo de ciencia tiene fachada verde y una silueta inclinada que recuerda a la proa de un gran navío, una forma muy literal de anunciar que aquí la tecnología se explora «a toda vela».

Diseñado por Renzo Piano, funciona también como mirador urbano en el que, además de las exposiciones interactivas, su azotea escalonada es una gran terraza pública a la que se puede subir gratis para tener una de las mejores vistas del puerto y los tejados de la ciudad. Un extra de lo más interesante.

4. Kunsthaus Graz (Austria)

La que es la segunda ciudad de Austria presume de tener uno de los cascos históricos mejor conservados. Su calle principal, Herrengasse, equivale a un temario completo de historia del arte, ya que reúne fachadas de varios estilos que van del gótico al barroco sin perder armonía. Pero la ciudad no quiso quedarse atrapada en el pasado y decidió ampliarse derrochando estilo a golpe de edificios con un fuerte efecto visual. Nada más cruzar el río Mur, junto al Murinsel (una plataforma flotante que une las dos orillas) una especie de burbuja azul brillante ya se empieza a intuir.

Apodado Friendly Alien por su silueta orgánica, tiene una piel de paneles acrílicos azulados que de día reflejan la luz y contrastan con los tejados rojos de la ciudad y, de noche, se ilumina como una gran linterna gracias a su fachada multimedia. Por dentro acoge el museo de arte contemporáneo de la ciudad, como no podía ser de otra forma.

5. Guggenheim Bilbao (España)

Los museos Guggenheim siempre han apostado por edificios con personalidad propia, pero el de Bilbao es, probablemente, el que mejor se ha quedado grabado en la memoria colectiva. Diseñado por Frank Gehry a finales de los 90, su silueta de titanio junto a la ría parece una mezcla de barco, pez metálico y escultura gigante. Nada en él es recto ni evidente: los volúmenes se curvan, se solapan y se abren hacia el agua, y las más de 30.000 placas de titanio que lo recubren cambian de tono según la luz, del plateado frío de la mañana a reflejos casi dorados al atardecer. Un verdadero espectáculo.

Por dentro, todo se organiza en torno a un gran atrio de vidrio y piedra desde el que parten galerías de distintos tamaños, otra muestra de esa arquitectura de formas libres que convirtió a Gehry en uno de los nombres clave de la arquitectura contemporánea.

Su importancia va mucho más allá de la estética. Cuando se inauguró, hace ya más de 25 años, la zona era un antiguo frente portuario e industrial en declive. El museo fue la pieza más visible de una transformación que cambió por completo la imagen de Bilbao, que pasó de ser una ciudad gris industrial a un referente de la cultura.