Islas Canarias: pequeños paraísos de grandes experiencias
CLAUDIA RIZZO Las siete islas ofrecen un clima suave todo el año y entornos naturales espectaculares.Volcanes, bosques milenarios, playas paradisíacas, mar de nubes…Visualiza y descárgate el número de 'el mensual' de febrero en PDF.Hablar de Canarias es hablar de volcanes, de rocas al rojo vivo moldeadas por el embate del mar y el viento intenso. De abruptos contrastes paisajísticos que van de los entornos áridos a los húmedos gracias a un clima único, variable y agradable durante todo el año por el dominio constante de los alisios. Siete islas en las que encontrar algo para todos los gustos.La Palma: Verde y escarpada con quebrados relieves que parecen desafiar el vértigo en la tercera isla más alta del mundo en relación a su superficie. En el centro, el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, un enorme circo de crestas de 8 km. de diámetro modelado durante siglos por las erupciones volcánicas, los grandes deslizamientos de terreno y la fuerza erosiva del agua. Un espectáculo para los sentidos entre pronunciamientos abismales y cumbres que se elevan violentas hasta los 2.426 metros en el Roque de los Muchachos, sede del Observatorio Astrofísico de Canarias. A esas altitudes y con su cielo tan limpio, entiendes por qué es uno de los mejores sitios del planeta para observar las estrellas. Paraíso de caminantes, La Palma cuenta con casi 1.000 km. de senderos que permiten descubrir a pie su variedad paisajística: desde la cálida franja costera hasta los tupidos bosques de laurisilva. Por algo, la llaman la Isla Bonita.El Hierro: Meca del submarinismo gracias a su exuberante ecosistema marino de aguas cálidas. Culpa de ello tienen las erupciones volcánicas que han dejado a su paso fondos con caprichosas formaciones rocosas en las que habitan un sinfín de especies. La superficie se sabe también bella por ser una tierra rica en contrastes. La aridez de sus costas abruptas y sus sabinas retorcidas por la fuerza del viento rompen con la imagen que hay en el corazón de El Hierro: reino de brumas y frondosos bosques de tiempos remotos. Aunque ya no se la considera el fin del mundo conocido, durante siglos sí que lo fue y, en su parte más occidental, situaron los cartógrafos el Meridiano Cero, lugar donde se construyó el robusto Faro de Orchilla para guiar a quienes perdían su rumbo.La Gomera: Puede presumir de ser el último trozo de tierra que Cristóbal Colón pisó antes de llegar a América. Fruto del aislamiento y de una accidentada orografía (repleta de valles cerrados, acantilados, largos e intrincados barrancos…) proliferó el silbo gomero, un lenguaje ancestral y único en el mundo –declarado Patrimonio de la Humanidad– que puede escucharse hasta a tres kilómetros de distancia. Uno de los mayores reclamos de La Gomera es el Parque del Garajonay, que debe su nombre a la leyenda de dos amantes guanches, y cuya mágica selva de laurisilva abarca el 10% de la superficie (3.984 hectáreas) de la isla. En su cogollo está el Bosque del Cedro que atesora la Ermita de Lourdes.Tenerife: La primera imagen que muchos evocan de esta isla es la de la majestuosa mole del Teide, el pico más alto de España con una altura de 3.718 metros sobre el nivel de mar. La riqueza geológica de su parque nacional es infinita por sus cientos de conos, coladas y cuevas de gran interés científico y paisajístico. Tenerife también cuenta con otros rincones especiales como la ciudad de La Laguna, con su arquitectura colonial o espacios naturales como el Parque Rural de Teno, el Macizo de Anaga o el drago milenario de Icod de los Vinos, con 17 metros de altura y 20 de diámetro en la base. No menos relevante es su carnaval: un auténtico estallido de color cuya fama mundial es bien merecida.Gran Canaria: Un pequeño continente en miniatura que cambia drásticamente de paisaje y de clima. Una isla de playas, pero también de montañas, de escarpados barrancos y valles esculpidos con plataneras como las del municipio de Agaete. Gran Canaria, en su interior, es un lugar con carreteras serpenteantes rodeadas de impresionantes pinares que te guían de camino al pueblo de Artenara, un balcón privilegiado al que uno se asoma para contemplar la desgarradora majestuosidad de la Caldera de Tejeda. Cerca de allí, sobre un mar de nubes, emerge el imponente Roque Nublo, símbolo indiscutible de la isla.Fuerteventura: Miguel de Unamuno solía recordarla como una isla "esquelética, toda ella hueso calcinado al sol y refrescado por la brisa atlántica". Desértica y salvaje, Fuerteventura presume de tener más de 150 kilómetros de interminables playas de fina arena dorada. Las hay para nudistas, familias o simplemente para perderse en un océano de ondas sinuosas como las dunas de Corralejo. El viento eterno e implacable que habita en esta tierra larga y estrecha atrae hasta a ella a quienes viven con pasión el mecer de las olas.Lanzarote: Se viste con cintas de polvo rojizo, amarillo ocre y negro basáltico, con valles de ceniza, con antiguos cráteres… todo ello resultado de un inmenso mar de lava que la tierra escupió de sus entrañas y cuyo máximo exponente es el Parque Nacional de Timanfaya. Lanzarote tiene un paisaje marciano donde el blancor de las casas encaladas con ventanas y puertas verdes o azules aporta pequeñas pinceladas de color en el inhóspito malpaís. La influencia y la obra de César Manrique han marcado el aspecto externo de la isla, aprovechando la singularidad de este lugar para crear los Jameos del Agua, el Mirador del Río, la Cueva de los Verdes…