Culla, una escapada entre templarios, estrellas y sabores de montaña

Encaramada en una colina del Alt Maestrat, en el interior de Castellón, Culla es uno de esos pueblos que conquistan antes de llegar y sorprenden aún más cuando uno empieza a recorrerlos. Un pueblo medieval que guarda entre sus piedras la huella de los templarios, que esconde antiguas minas bajo sus montañas, que conserva una gastronomía arraigada a la tierra y que ofrece, sobre sus tejados, un cielo plagado de estrellas.

Un destino perfecto para dejar atrás las prisas y entregarse a una escapada de fin de semana.

Un paseo por la historia

La mejor manera de empezar la visita es perderse por el casco antiguo, declarado Bien de Interés Cultural y Conjunto Histórico-Artístico. No hace falta mapa: basta con dejarse llevar por las callejuelas estrechas, descubrir los rincones que se abren al girar una esquina y levantar la vista para admirar las fachadas que conservan el carácter de la arquitectura tradicional.

De origen árabe, Culla pasó a manos de los templarios tras la Reconquista, una herencia que encuentra uno de sus mejores testimonios en las ruinas de su antiguo castillo. Esta fortaleza, que dominaba el territorio desde lo alto y que perdió buena parte de su esplendor durante las guerras carlistas, conserva aún la Torre del Frare Pere, recuerdo de la importancia estratégica de este enclave y una invitación a imaginar cómo era la vida en aquella villa fortificada.

Merece la pena seguir el sendero que lleva hasta el castillo y detenerse en el mirador del Singlet. Desde allí, Culla despliega toda su belleza sobre la colina, recortada contra el paisaje abierto del Maestrat. Las fachadas de piedra de la parte alta y las paredes encaladas dibujan una estampa en la que la sobriedad de la montaña se funde con la luz mediterránea.

Culla despliega toda su belleza sobre la colina, recortada contra el paisaje abierto del Maestrat

El recorrido por el casco antiguo conduce también hasta la iglesia de San Salvador, que alberga en su interior piezas de notable valor artístico, y permite descubrir otros vestigios del pasado, como la Casa Abadía, el antiguo hospital, los arcos de la muralla y la vieja prisión.

Quienes prefieran conocer los detalles de la mano de un experto pueden sumarse a las visitas guiadas que organiza la Tourist Info.

Un viaje a las entrañas de la tierra

A unos ocho kilómetros del pueblo, el Parc Miner del Maestrat propone cambiar las callejuelas medievales por las profundidades de la tierra. Este antiguo complejo minero permite conocer una parte fundamental de la historia industrial de la comarca y acercarse a las condiciones de trabajo de quienes extrajeron carbón de estas montañas.

El recorrido por las galerías subterráneas, acompañado de explicaciones y recursos interpretativos, ayuda a imaginar la dureza de una actividad que marcó durante décadas la vida de la zona. La visita combina patrimonio, historia y naturaleza, con magníficas vistas del Alt Maestrat, y resulta especialmente interesante para quienes viajan en familia y buscan una experiencia que aúne aprendizaje y aventura.

Bajo un cielo estrellado

En Culla, la escapada también se disfruta al caer la noche. A poco más de un kilómetro del casco urbano, en el paraje de San Cristóbal, Astromaestrat invita a descubrir el cielo lejos de la contaminación lumínica de las grandes ciudades.

Guiadas por especialistas, las sesiones de observación permiten reconocer estrellas, planetas y constelaciones y acercarse a los secretos del universo de una forma amena y accesible. Una experiencia para compartir en pareja, con amigos o en familia, y dejarse sorprender por la inmensidad del firmamento.

Tradición rural y monumentos naturales

El entorno de Culla conserva también testimonios de una forma de vida ligada al campo y a los ritmos de la naturaleza. La Masía de la Mezquita, situada en el entorno de El Molinell, propone descubrir ese patrimonio rural a través de un proyecto que une sostenibilidad, tradición y cultura.

Sus diez hectáreas de almendros y el conjunto de siete casitas de pastor construidas con piedra en seco hablan de una arquitectura nacida de la necesidad y de un conocimiento minucioso del territorio. Esta técnica constructiva, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, demuestra cómo el ingenio y los materiales disponibles dieron forma a un paisaje que hoy constituye un valioso legado.

Las visitas permiten recorrer los espacios rehabilitados de la masía, conocer los antiguos utensilios agrícolas y descubrir las tareas que marcaron la vida cotidiana durante generaciones. La experiencia puede completarse con una degustación de productos de la zona, una manera de prolongar en la mesa el viaje por el paisaje y las tradiciones del Maestrat.

Y para quienes disfrutan de los grandes monumentos naturales, merece la pena acercarse a contemplar la Carrasca de Culla. Declarada Árbol Monumental de la Comunitat Valenciana, esta imponente encina puede admirarse desde el exterior de la finca privada en la que se encuentra. Su porte majestuoso y su longevidad la convierten en uno de esos tesoros naturales que parecen guardar, en la rugosidad de su tronco, una parte de la memoria del territorio.

El Maestrat también se come

Después de tanto paseo, historia y naturaleza, llega el momento de sentarse a la mesa. La gastronomía local se nutre de los productos de la huerta, los frutos secos, el aceite de oliva, la miel, los quesos artesanos, las setas y la trufa negra, uno de los tesoros más apreciados de estas tierras.

La trufa negra es uno de los tesoros más apreciados de estas tierras

Las carnes y los embutidos ocupan también un lugar destacado en una cocina pensada para combatir el frío y aprovechar los productos de temporada. Entre las especialidades tradicionales figuran la olla del Maestrat, la carn de novià y el perol, junto a dulces como los rotllos tous. Tampoco faltan las cocas y otras recetas que conservan el sabor de la cocina casera.

Y es que Culla conquista sin necesidad de artificios. Basta recorrer sus calles medievales, asomarse a los paisajes del Maestrat, descubrir su patrimonio y sentarse a la mesa para comprender el carácter de este rincón del interior de Castellón.

Un fin de semana permite hacerse una idea de todo lo que ofrece esta bella localidad aunque siempre queda algo pendiente que invita al viajero a regresar.

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