El pueblo del interior del Algarve con casas encaladas para disfrutar de la tranquilidad del otoño
Posiblemente aún no hayas oído hablar de este pueblo portugués, pero estamos seguro que cuando lo descubras entenderás por qué el Algarve es uno de los destinos más atractivos para disfrutar de unos días de relax. Y no solo por su cercanía con España, también porque cada rincón esconde sorpresas que lo hacen único. Y aunque a menudo asociamos al Algarve con playas concurridas y acantilados costeros, en este caso queremos recomendarte una parada en Alte, un pueblito blanco que muestra otra faceta de la región: la más serena, más rural y más cercana a su verdadera esencia. Descubrirás que este pueblo blanco, aunque tiene la playa cerca, no necesita de este reclamo para ofrecer una escapada tan refrescante como diferente.
En Alte la vida se vive sin prisas
Su conjunto de casas blancas dispersas por la ladera ofrecen una imagen de pueblo que ha crecido ajustándose a la orografía de la sierra. La calma que trasmite desde lejos es la misma que encontrarás recorriendo sus callejuelas empedradas donde parece que no hay espacio ni para el ruido ni las prisas. Y aunque durante mucho tiempo Alte se mantuvo eclipsada por otros destinos cercanos más turísticos, ha sabido reinventarse reclamando su sitio como uno de los lugares culturales de la zona. Y todo gracias a su ciudadano más ilustre: el poeta Cândido Guerreiro, del que encontrarás referencias a su obra por toda la localidad.
El encanto de una aldea portuguesa
Considerada por muchos como la aldea más típica del Algarve, nada más adentrarnos en sus calles estrechas, con senderos que conducen hasta el agua, reconocemos que estamos en uno de esos lugares que invitan a bajar el ritmo.
Uno de los principales monumentos y parada imprescindible es la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Construida en el siglo XVI en estilo manuelino, tras su fachada blanca (en perfecta armonía con el resto de edificios de alrededor) se accede a un interior con azulejos blancos y azules del siglo XVIII. Y muy cerca de esta iglesia, también en el casco antiguo, se encuentra la Capela de São Luís (Capilla de San Luis). De aspecto sencillo, fue construida en el siglo XV y se cree que originalmente fue una mezquita.
Un entorno natural con manatiales de agua dulce
Y aunque uno de sus principales atractivos sea pasear por sus calles tradicionales de casas blancas con puertas y ventanas coloridas, Alte también cautiva con sus espacios naturales de alrededor. Ya sea en el arroyo de aguas tranquilas rodeado de vegetación que recorre el pueblo o ante el agua fresca brotando de los manantiales, encontrarás algunas de las imágenes más auténticas del interior del Algarve. Siguiendo el curso del arroyo, por un camino señalizado, llegarás hasta la Fonte Grande, uno de los rincones más agradables de Alte.
La Queda do Vigário
No te puedes ir del pueblo sin pasar por la Queda do Vigário, una cascada de 24 metros de altura que cae en una gran poza y está situada en un entorno de gran belleza natural. Este salto de agua, al que los lugareños acuden a refrescarse en los meses de verano, es uno de los iconos del pueblo y se llega con una caminata de tan solo diez minutos desde el centro de la localidad.