El santuario gallego que debes visitar vivo o tendrás que volver de muerto: un templo lleno de leyendas que mira hacia el mar
Sobre una escarpada sierra que mira el mar, encajado entre paisajes boscosos y la bravura del océano Atlántico, yergue imponente el santuario de San Andrés de Teixido. Situado en la provincia de A Coruña, este templo recoge entre sus anchos muros un sinfín de leyendas e historias cargadas de magia.
De hecho, hay una frase que acompaña a este lugar y lo envuelve aún más en misticismo: «A San Andrés de Teixido vai de morto quen non foi de vivo», es decir, que quien no visite el santuario en vida, tendrá que hacerlo cuando ya esté muerto.
Quien no haga la peregrinación, regresará reencarnado
La leyenda que acompaña al santuario arranca con Andrés el Apóstol llegando a la aldea de San Andrés de Teixido por mar. Allí, levantó un templo gótico de estilo marinero y, como agradecimiento, Dios le prometió que todo el mundo peregrinaría allí, como un lugar de culto. Incluso se comprometió a que, aquellas personas que no lo hiciesen en vida, acudirían al santuario tres veces después de morir, reencarnando en un animal.
Y no es la única mística que acompaña a este camino. La tradición dicta que los peregrinos deben coger una piedra en su localidad de origen y llevarla consigo para colocarla en uno de los milladoiros (montones de piedras) de los bordes del sendero. Esta piedra representa el juicio final de su alma y testifica que ha completado la romería, de modo que el ánima puede descansar sin tener que reencarnarse.
Misticismo y rituales
El santuario destaca por la pulcritud de su fachada de piedra y mampostería blanca, que contrasta con el paisaje verde que lo rodea. Con una arquitectura sencilla, el templo apenas presenta ornamentación en su interior, también de paredes blancas, con detalles en piedra y vigas de madera que cruzan el techo.
La pieza central es el retablo del altar, con la figura de San Andrés en primer plano, acompañado por el resto de apóstoles. Se suma un retablo menor con un cristo crucificado. La puerta oeste del edificio nos lleva a un mirador con vistas a la inmensidad del mar. Desde aquí, junto al cruceiro, unas escaleras conducen hasta una pequeña cueva donde los devotos a San Andrés le dejan velas, exvotos y otras ofrendas.
Otras escaleras ascienden hasta la llamada Fuente del Santo, donde brota agua con propiedades mineromedicinales. Otra leyenda cuenta que debemos beber de sus tres caños y pedir un deseo, aunque el cartel que señala que el agua no es potable hace que los visitantes se inclinen más por simplemente mojarse los labios. Por último, completando todos los rituales posibles, hay que tirar una miga de pan en el riachuelo que corre bajo la fuente: si esta flota, se nos concederán nuestros deseos, pero si no, tendremos que volver al santuario en otra ocasión e intentarlo otra vez.