Ni Sicilia ni Cerdeña: la desconocida e idílica isla de Italia sin casi vecinos ni cobertura
Italia puede presumir de tener algunas de las islas más paradisíacas y apasionantes de toda Europa, como ejemplifican a la perfección Cerdeña, Sicilia o Capri, las cuales atraen a miles de viajeros cada temporada de verano (muchos de ellos procedentes de España). Eso sí, estos increíbles destinos de ensueño suelen estar sumamente masificados durante las semanas estivales, lo que hace que explorarlos cómodamente sea una misión casi imposible.
Lo que no muchos saben es que en el país transalpino también se encuentra una de las islas más tranquilas y apacibles del continente y que poco o nada tiene que ver con esos territorios insulares tan saturados de turistas: se trata de la isla de Palmarola, que, a pesar de no ser muy conocida entre los viajeros, es sin duda el lugar perfecto para pasar unas vacaciones sin ningún tipo de estrés.
Así es la idílica isla de Palmarola
La isla de Palmarola es la segunda más grande de las Pontinas y “la más exótica”, según la definen en la web turística del país, y es que entre su escarpada orografía costera no hay ningún vecino permanente, sino que muchos de sus habitantes simplemente pasan temporadas de verano en ella (la mayoría vienen de la isla de Ponza, ubicada a escasa distancia). Todo ello hace que la paz que se respira en ella sea inquebrantable.
Se ubica al oeste de la ciudad de Roma y se caracteriza tanto por la ausencia de carreteras como de conexión a Internet y cobertura, lo que hace de esta isla todo un paraíso para aquellos que quieren desconectar. Solo cuenta con un restaurante y, para adentrarse en su interior, hay que tomar una red de senderos que serpentean desde las orillas del Tirreno y que tienen su punto de origen en el embarcadero de Cala del Porto, la única puerta de entrada a este desconocido tesoro.
Sus formaciones rocosas, entre las que se encuentra la llamada ‘Catedral’ por su semejanza con un templo, han hecho que haya sido declarada Reserva Natural Protegida, por lo que el litoral insular se mantiene virgen. Con calas escondidas y secretos por prácticamente cada rincón, es sin duda todo un edén que merece la pena visitar al menos una vez en la vida, sobre todo si se hace una escapada a la ciudad de Roma (y se tiene suficiente tiempo).
Para ir desde la capital de Italia a la isla de Palmarola, primero hay que coger un tren desde la metrópoli hasta el puerto de Anzio, donde hay que subirse a un ferry hasta la isla de Ponza y allí contratar un traslado hasta esta maravilla italiana desconocida para casi todo el mundo, pero que es inolvidable para el que tiene la fortuna de poner un pie en ella.