Las célebres playas de Francia que acaban de ser declaradas Patrimonio de la Humanidad
En España se recuerda el 6 de junio de 1944 como el día que cambió la historia de la humanidad; no en vano se le conoce como el Día D. El Desembarco de Normandía modificó el rumbo de la Segunda Guerra Mundial, y la llegada de miles de soldados a la costa normanda supuso el comienzo del fin del nazismo. Ahora, más de ocho décadas después, las playas a las que llegaron los Aliados se han convertido en el 56 lugar de Francia en ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La organización ha reconocido los seis enclaves que formaron parte de una de las operaciones bélicas más trascendentales de todos los tiempos, la Operación Overlord, y desde que acabó la contienda han sido millones los que han puesto un pie en ellas y han podido sentir la historia que arrastran estos lugares, ya que además aún quedan vestigios de aquel día tanto en la arena como en el mar.
Las fascinantes playas del desembarco de Normandía
En el sitio ‘Playas del desembarco de Normandía’ que ha reconocido la UNESCO en la 48ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial, que se llevó a cabo a finales del mes de julio en la ciudad de Busan, en Corea del Sur; en concreto, forman parte de este condecorado lugar las playas de Utah, Omaha, Gold y Juno, así como Sword Beach y Pointe du Hoc, enclaves que atesoran una larga historia y que han atraído a millones de curiosos.
A lo largo y ancho de esos 80 kilómetros de la costa de Normandía aún se pueden ver restos de aquel desembarco que supuso un antes y un después en la Segunda Guerra Mundial, desde búnkeres y baterías de artillería pasando por restos del Muro Atlántico alemán o puestos de control de tiro y nidos de resistencia, así como rastros de campos de batalla e incluso equipo bélico original, sin olvidarse del cementerio americano de Colleville-sur-Mer, donde están enterrados, entre otros, el hijo del presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt.
“Estos elementos forman un paisaje cultural excepcional moldeado tanto por los acontecimientos de 1944 como por su recuerdo perdurable”, se puede leer en la propia página web de Patrimonio Mundial de la UNESCO, y es que estas playas, lejos de ser lugares en los que pasar las vacaciones de verano, son un testigo de la época más cruenta de la historia reciente de Europa, y por ello son merecedoras de este reconocimiento.