El pequeño pueblo de Lleida con más bienes Patrimonio de la Humanidad por habitante en España

Cuando planeamos una escapada a un destino rural siempre buscamos un motivo que se adapte a nuestros gustos. Para unos es el contacto directo con la naturaleza y dejar atrás por unas horas las prisas y el estrés. Para otros, los pueblos son el lugar perfecto donde disfrutar de la buena mesa con la garantía de encontrar una gastronomía casera de las de toda la vida. En el caso del pueblo leridano de Durro, a todos estos atractivos tenemos que añadir otra razón de peso: entre sus calles empedradas alberga el mayor número de monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad por habitante de nuestro país, lo que lo convierte en nuestro favorito para visitarlo ya.

Uno de los pueblos más bonitos de España

Con menos de 80 habitantes y situado a casi 1.400 metros de altitud, las calles empedradas de Durro todavía se mantienen al margen del turismo de masas. Cargar las pilas, respirar aire puro y regalarnos una gran dosis de tranquilidad en medio de un entorno idílico son puntos a su favor para que este destino medieval no pase desapercibido a nuestro radar viajero. Pero además, a los numerosos atractivos de este pequeño territorio catalán hay que añadirle dos iglesias que forman parte de los legados románicos más importantes de Europa: la de la Natividad y la ermita de Sant Quirc. Ambas se engloban dentro del conjunto de iglesias románicas de la Vall de Boí.

La iglesia de la Natividad de Durro

Considerada Patrimonio Mundial por la Unesco, es la primera sorpresa que encontramos nada más entrar en el pueblo. Construida en el siglo XIII, esta joya del románico lombardo destaca por su alto campanario, la pila bautismal y los cinco retablos barrocos del interior.

La ermita de Sant Quirc

Para descubrir el segundo tesoro patrimonial del pueblo tendrás que alejarte unos 10 kilómetros en un recorrido a pie que dura tan solo unos 20 minutos. Situada en lo alto de una colina, desde su mirador podrás disfrutar de unas preciosas vistas que abarcan a casi todos los pueblos del valle. A pesar de su sencillez y su pequeño tamaño, este templo cuya construcción se remonta al siglo XII es uno de los más atractivos de la zona.

Un casco antiguo con casas de arquitectura pirenaica

Pero además de su importante patrimonio, pasear por su casco antiguo de calles empinadas, disfrutando de sus casas de piedra con balcones decorados con flores, es la mejor forma de descubrir este pueblo que permanece tan inalterable como lo era en tiempos atrás. El recorrido nos conduce hasta la Plaza Mayor, rodeada de casas tradicionales de piedra y tejados de pizarra, mantiene intacto su encanto rústico y medieval.

Durante esta escapada seguro que tampoco querrás perderte su gastronomía con una cocina tradicional y de montaña que te permitirá valorar Durro desde otro punto de vista. Entre los platos más típicos: el trinxat, elaborado con col, patata y tropezones de tocino o panceta, pero también te puedes pedir el menú más popular de la zona que está compuesto por la escudella (una sopa tradicional con pasta) y el carn d`olla, a base de carnes, verduras y la pilota (una gran albóndiga) que se han cocido en ese mismo caldo. Para que te hagas una idea, es algo así como el cocido catalán.