‘La Ciudad de los Sietes’ que se impone al turismo de forma silenciosa: casas de colores y un bonito puerto báltico

Cuando pensamos en Alemania, las primeras ciudades que nos vienen a la cabeza son Múnich, Colonia o Berlín, pero este país cuenta también con otras joyas menos conocidas que también merecen la pena explorar con calma. Con su pintoresca arquitectura de ladrillo gótico y su cercanía a los arenales bálticos, Rostock debería estar entre las seleccionadas, sobre todo si buscamos un destino nuevo fuera de España, de esos que todavía no recomiendan las guías turísticas. Su ambiente acogedor y su indiscutible encanto medieval son algunos de los atractivos de esta villa fundada en el siglo XIII, que además mantiene una curiosa relación con el número siete.

La Ciudad de los Sietes

Muchas veces las leyendas son la mejor excusa para conocer una ciudad. Y en Rostock, el número siete se convierten en la mejor guía para descubrir sus principales monumentos. Y es que, casualidad o no, los atractivos de este destino alemán se contabilizan en torno a esta mágica cifra repetida de forma insistente en sus iglesias, en los puentes de comerciantes, en las torres en el Ayuntamiento, en las antiguas puertas a la ciudad amurallada y en las calles de la plaza del mercado principal.

La Plaza del Mercado Nuevo y el Ayuntamiento

Esta plaza será el punto de partida para descubrir Rostock y adentrarnos sin rumbo en las callejuelas del casco antiguo. Rodeada de coloridas casas de comerciantes, es también donde se encuentra el Ayuntamiento, con una combinación de arquitectura gótica y barroca, y la iglesia gótica de Santa María. Es la más grande de la ciudad y alberga un reloj astronómico de 1472 con un mecanismo original que aún funciona.

El edificio de la Universidad

Seguro que durante tu recorrido pasarás también por esta plaza, normalmente llena de gente y con una fuente central (la Fuente Porn o de la Alegría), donde encontrarás a los niños chapoteando en sus aguas. Y a pocos pasos podrás ver el edificio neorrenacentista de la Universidad, que fue fundada en 1419 y es la más antigua de la región del Mar Báltico. Pero si hay algo que te va a encantar del paisaje urbano de Rostock es la arquitectura de sus casas. Una de las más bonitas la encontrarás en la calle Wokrenterstraße 40). Se trata de la Hausbaumhaus, construida en 1490 en estilo gótico tardío, destaca por su tejado a dos aguas y es una de las casas de comerciantes más antiguas de la época hanseática.

Las puertas medievales de Rostock

Estas puertas medievales en ladrillo rojo son otros de los lugares que difícilmente pasan desapercibidos. Es complicado decidir cuál es la más bonita de todas, pero Kropeliner Tor (siglo XIII), con su torre gótica de ladrillo de varios pisos, permite pasear sobre una pasarela de madera a lo largo de la muralla. Además, alberga un museo dedicado a la historia medieval de la ciudad. Tampoco te pierdas la Steintor (Puerta de Piedra) reconstruida en estilo renacimiento holandés (siglo XVI) y la Kuhtor (Puerta de las Vacas, del año 1262), que de todas es la mejor conservada.

El puerto, el mejor lugar para comer en Rostock

Junto con el casco antiguo, el puerto constituye el corazón de la ciudad. Además de admirar los barcos, descubrir los almacenes históricos situados en el extremo este del puerto, es también el lugar perfecto para tomar una copa, pasear tranquilamente por el paseo marítimo o adentrarte en la gastronomía local. Aquí encontrarás numerosos puestos de comida con gran variedad de bocadillos de pescado fresco (fischbrötchen), aunque lo más típico es el arenque.