El valle asturiano donde el verano empieza entre sidra, montañas y pueblos de cuento

Fueron los monjes cistercienses quienes bautizaron este valle con el nombre de Valdediós, y viendo el lugar cuesta pensar en una elección más acertada. Una zona tranquila, siempre de un verde intenso y de muy fácil acceso desde la cercana Villaviciosa que hoy es uno de los destinos soñados del norte, más todavía con las altas temperaturas con las que amenaza un verano que acabamos de estrenar.

Uno de sus grandes tesoros es el conjunto monumental de Valdediós. Allí se levanta la iglesia de San Salvador, conocida popularmente como El Conventín, una de las joyas del prerrománico asturiano. Fue mandada construir por Alfonso III el Magno, que eligió este lugar para su retiro, y se consagró en el año 893 en una ceremonia a la que asistieron hasta siete obispos.

A escasos metros se encuentra el monasterio de Santa María de Valdediós, fundado en el año 1200 por Alfonso IX de León y Berenguela de Castilla. Su iglesia es una de las muestras más destacadas de la arquitectura románica cisterciense en Asturias, y el claustro actual, de estilo clasicista, sustituyó entre los siglos XVI y XVII al antiguo claustro románico.

Pueblos para alargar la ruta

Tras conocer sus grandes joyas religiosas, toca perderse entre algunos de los pueblos más bonitos de la zona. Aunque no muy famosos, Arbazal, Cuiña, Lloses o Daxa son buenas paradas para acercarse a esa Asturias más rural donde es fácil encontrar muestras de arquitectura tradicional.

El senderismo es la actividad principal y una buena forma de perderse entre estos pequeños núcleos urbanos rodeados de un paisaje precioso. Después, la cercanía de Villaviciosa permite sumar ambiente y otra buena lista de lugares a visitar, incluida alguna playa, que para eso es verano.

Territorio de sidra

El valle de Boiges forma parte del corazón de la Comarca de la Sidra, así que la manzana también tiene mucho que decir en esta escapada. Aquí la sidra no es solo una bebida para brindar, es paisaje y tradición.

Villaviciosa ayuda a completar el plan. La villa, conocida por su fuerte vínculo con la producción sidrera, es una buena parada para probar la gastronomía local, acercarse a algún llagar o simplemente pasear antes de seguir hacia la ría. Porque una de las ventajas de esta zona es precisamente que en pocos kilómetros se pasa del valle al mar, de monasterios aislados a los manzanos y de la sidra al Cantábrico y a pueblos llenos de ambiente.