La joya desconocida de la Riviera Italiana: elegante, con palmeras y un ambiente costero tranquilo
Si te apetece descubrir la otra cara de la Riviera italiana, la que no arrasa en las redes ni está plagada de visitantes, te aconsejamos hacer una parada en Bordighera, un antiguo pueblo de pescadores que con su sencillez marca distancias con sus vecinos más ostentosos. Porque Capri, Portofino y Cinque Terre están muy bien, pero afortunadamente Italia tiene mucho más que ofrecer. Si estás planeando unas vacaciones fuera de España para sentir los placeres de la ‘dolce vita’, esta joya escondida te cautivará con sus aguas azules, su atmósfera tranquila y su singularidad.
A Bordighera no hay que ir porque vaya todo el mundo. Los motivos que nos animan a visitarla son muy distintos: pocos turistas, una gran dosis de calma y un entorno tan auténtico que si pensabas ir para solo un día, no dudarás en quedarte alguno más.
Bordighera Alta
El casco antiguo, conocido como Bordighera Alta, mantiene su encanto medieval casi intacto. Prepárate a andar porque sus casas apiñadas en una colina dan forma a un laberinto de callejuelas empedradas que suben y bajan ofreciendo en cada esquina espectaculares vistas al mar. Rodeado de murallas, para acceder a este centro histórico hay que atravesar alguna de las tres puertas antiguas: la Porta del Capo o Puerta Nueva (del siglo XVII), la Porta Soprana o Puerta de la Maddalena y la Porta Sottana.
Una vez dentro de este histórico espacio lo que te encontrarás son bonitas casas de colores pastel, un sinfín de escalinatas y pequeñas plazas entre callejones estrechos. El corazón de Bordighera es la Piazza del Popolo, donde está la Iglesia de Santa Maria Magdalena (siglo XVII), que alberga la tumba de Sant’Ampelio, patrón de la ciudad. Y a pocos pasos, el Oratorio de San Bartolomé, del siglo XV.
La Bordighera que inspiró a Monet
Pasear sin rumbo es la mejor manera de descubrir esta preciosa localidad que en su parte baja cuenta también con amplias avenidas arboladas y villas aristocráticas de finales del siglo XIX. Esta zona, conocida como Bordighera Bassa, está repleta de mansiones y hoteles de la Belle Époque, recuerdo de una época en la que Bordighera se convirtió en lugar de vacaciones de la burguesía inglesa. Pero no solo los ingleses dejaron su huella. Monet también pasó por aquí y decidió quedarse durante tres meses para plasmar la vegetación y los hermosos jardines de Bordighera en más de 50 lienzos. En Vía Romana hay un pequeño jardín que conmemora su estancia en la ciudad.
La ciudad de las palmeras
El paseo por Bordighera está plagado de elegantes rincones que reflejan la Liguria más auténtica. Pero además del recorrido urbano, desde su centro histórico salen distintas rutas que permiten disfrutar también de un entorno natural fascinante. La más interesante es el Sentiero del Béodo que conduce a lo largo del antiguo acueducto (béodo) que abastecía de agua a la ciudad. A lo largo de tres kilómetros irás serpenteando entre paisajes de olivares, muros de piedra seca y un extenso y exótico palmeral que es uno de los distintivos de este destino.
Lungomare Argentina
Al caer la tarde, el mejor plan lo encontrarás en el Paseo Marítimo Argentina, que recorre toda la costa de Bordighera y es uno de los más largos y bonitos de la Riviera italiana. Su nombre se debe a que la propia Eva Perón lo inauguró en 1947. Y justo donde empieza este paseo (o termina, según donde lo iniciéis) se alza la iglesia románica de Sant’Ampelio (siglo XI). Sencilla y encaramada sobre las rocas, ofrece unas espectaculares vistas al Mediterráneo.
Playas de aguas cristalinas
Es impensable pasar por la Riviera italiana y no disfrutar de su siempre cristalino y tantas veces agitado mar. A lo largo de la costa de Bordighera encontrarás numerosas playas donde extender la toalla, casi todas de pequeños guijarros y arena gruesa. La playa de Rattaconigli es la más grande de todas. Pero si buscas algo menos turístico y más tranquilo, te recomendamos la de Arziglia, que era una antigua playa de pescadores.