Cinco experiencias de lujo para exprimir tu escapada a la Costa Brava

Durante mucho tiempo, el lujo se ha asociado a grandes hoteles, mesas impecables y servicios exclusivos. Todo eso sigue teniendo su atractivo, pero en destinos como la Costa Brava el concepto se ha vuelto mucho más interesante. Aquí el verdadero privilegio puede estar en navegar sin prisas frente a calas escondidas, dormir en un hotel con historia, probar una cocina pegada al paisaje, descubrir el territorio a través de sus aromas o dejarse cuidar en una experiencia de bienestar pensada para reconectar con el entorno.

Entre el litoral, los pueblos del Empordà y las primeras montañas del Pirineo de Girona, las opciones de vivir una experiencia inolvidable son cada día más amplias y sorprendentes porque en este rincón de Cataluña han entendido rápido que el lujo no está en las estrellas que se ponen sobre el papel, sino en las sensaciones que te deja incluso tiempo después.

Y estas son cinco buenas ideas para convertir una escapada más en algo que siempre se recordará:

Ver la Garrotxa desde un globo

Sobrevolar la zona volcánica de la Garrotxa al amanecer permite contemplar desde otra perspectiva uno de los paisajes más singulares del interior gerundense. Desde el aire aparecen los cráteres cubiertos de vegetación, los bosques de la Fageda d’en Jordà, los campos y los pequeños pueblos que salpican este territorio volcánico como una sucesión de paisajes impresionantes.

El silencio de las alturas y la sensación de flotar es una experiencia que hay que vivir una vez en la vida y hacerlo sobre un paisaje tan cambiante y atractivo lo hace todavía más especial. Y hay más, empresas como Vol de Coloms ofrecen esta experiencia de más de una hora junto a un brindis por los buenos planes y un desayuno con producto de proximidad al aterrizar.

Crear un perfume con aroma a Empordà

Hay recuerdos que van asociados a un olor y aromas que nos transportan a un lugar. Por eso, otra forma de llevarnos un recuerdo de un paisaje es aprender a olerlo. En el Alt Empordà, Bravanariz propone una experiencia sensorial que acerca al viajero al mundo de la perfumería natural y a los aromas del territorio: plantas mediterráneas, resinas, flores silvestres, tierra seca o bosque. Ernesto Collado es capaz de transformar en aroma la sensación de pasear por el campo o ese momento al caer la tarde tras un día completo de playa. Crear una fragancia propia para llevarse a casa es el gancho de esta experiencia que cala mucho más profundo.

Cocinar con flores

En Fonteta, el jardín de Mas Generós (uno de los hoteles boutique con más encanto) se convierte en cocina, despensa y aula al aire libre. Aquí las flores no se quedan solo en los jarrones: Iolanda Bustos, conocida como la chef de las flores, sabe convertirlas en platos tan bonitos como deliciosos, para comer con los ojos, jugar con las texturas, sorprenderse con los aromas y volverse loco con los sabores.

La experiencia empieza con un paseo gastrobotánico entre flores, hierbas y vegetales de temporada, continúa con una clase personalizada de cocina mediterránea y termina con un almuerzo en el propio jardín, acompañado de vinos del Empordà. Una forma deliciosa de entender que el paisaje también se puede recolectar, cocinar y saborear.

Navegar sobre aguas turquesas

Después de tocar las nubes en globo y de exprimir el sabor y el aroma del campo, toca lanzarse al mar. Navegar por la Costa Brava permite ver desde el agua algunas de sus calas más bonitas, acercarse a rincones menos accesibles desde tierra y entender por qué este litoral sigue siendo uno de los grandes atractivos del Mediterráneo. Puertos como Palamós, Llafranc, Roses, Cadaqués o Calella de Palafrugell son buenos puntos de partida para salir en barco, bordear acantilados, fondear en aguas transparentes y descubrir una costa que cambia mucho cuando se mira desde el mar.

Un pícnic entre viñedos

Una cata siempre es un buen plan, pero no siempre apetece escuchar la historia de siempre sobre la recogida de la uva, las barricas o el proceso de fermentación. En el Empordà también se puede ir un paso más allá y convertir la visita a una bodega en una original cata y un pícnic entre viñedos. La idea es sencilla y muy apetecible: pasear entre cepas, conocer el proyecto, probar sus vinos y después buscar un rincón bonito donde sentarse con una cesta llena de producto local. En La Vinyeta, en Mollet de Peralada, la experiencia incluye visita, cata y una comida informal entre viñas con embutidos, quesos, vino y postre. Algunos días incluso incluyen música en directo. ¿Te apuntas?