Reabre un pintoresco Parador de arquitectura tradicional cántabra situado en uno de los pueblos más bonitos de España
Durante casi cinco años, el Parador de Santillana del Mar ha permanecido cerrado, envuelto en un profundo proyecto de remodelación. Con las obras se buscaba mejorar la sostenibilidad, la accesibilidad, el interiorismo y el confort de este hotel, lo que le ha hecho ganar su 4ª estrella. Así, después de un lustro de trabajos, el alojamiento vuelve a abrir hoy sus puertas, llenando sus habitaciones de huéspedes de nuevo.
Aprovechando la estancia en este pueblo cántabro, considerado uno de los más bonitos de España, podemos visitar sus muchos encantos, desde la pintoresca calle Juan Infante, hasta la Plaza Mayor, pasando por la Colegiata de Santa Juliana, el Palacio de los Velarde y el Convento de San Ildefonso.
Así es el Parador de Santillana del Mar
Llamado también Parador de Santillana Altamira, este hotel es una obra de nueva planta que se mimetiza con los edificios de la zona, al estar construido siguiendo los cánones de la arquitectura popular montañesa de la zona. Sus paredes de piedra se complementan con sus tejados rojizos y sus balcones de madera.
El alojamiento está rodeado de una amplia y frondosa zona verde repleta de plantas que nos hará sentir en mitad de la naturaleza. Asimismo, en el exterior encontraremos jardines y una extensa terraza. Pasando al interior, el hotel ofrece a sus clientes grandes salones ricamente decorados, un bar, una sauna, espacios para conferencias y reuniones, parking exterior gratuito y garaje de pago.
Asimismo, dispone de un servicio de desayuno. Por otro lado, el restaurante principal se ubica a pocos metros de distancia en la planta baja del Parador Santillana Gil Blas, una antigua casona levantada en el siglo XVII. Se trata de el restaurante El Jardín de Gil Blas, con una oferta gastronómica basada en la cocina tradicional cántabra. Aquí podremos probar platos como el cocido montañés, el arroz caldoso de bogavante, las rabas de calamar, las anchoas de Santoña y los quesos cántabros, sin olvidar los postres caseros como la quesada pasiega, la tarta Santa Juliana o la torrija pasiega.