Las dos playas españolas que están entre las mejores del mundo: vírgenes, salvajes y paradisiacas
Poco a poco van subiendo las temperaturas y el verano se asoma en el horizonte como un lienzo en blanco que hay que llenar de planes, viajes y días de relax. A no ser que prefiramos la montaña, la mayoría se estará imaginando ya en una playa de aguas azules y cálidas, y precisamente de eso no falta en España.
Nuestro país puede presumir de contar con algunos de los arenales más paradisiacos del mundo, tal y como avalan muchos rankings internacionales. Por ejemplo, la prestigiosa selección anual de ‘The World’s 50 Best Beaches’ ha colocado este año a dos playas españolas entre las mejores de todo el planeta.
Cala Macarella (Menorca)
Cala Macarella, situada en la costa sur de la isla de Menorca, es un auténtico paraíso en la Tierra. Esta cala virgen y aislada en forma de herradura está flanqueada por altos acantilados que le otorgan un ambiente más íntimo. A sus espaldas queda un frondoso pinar, que da paso a una arena blanca y fina bañada por aguas turquesas, limpias y cristalinas.
Se suman sus fondos marinos llenos de vida, un escenario perfecto para practicar snorkel. Además, la playa está protegida del viento y el oleaje, lo que la convierte en una buenísima opción para visitar con niños. «A pesar de ser una de las playas más visitadas de la isla, su ubicación dentro de un área protegida minimiza el desarrollo urbanístico y mantiene el entorno prácticamente intacto», señalan desde ‘The World’s 50 Best Beaches’, colocándola en la posición 12 del ranking.
Playa Cofete (Fuerteventura)
La isla de Fuerteventura es el hogar de la impresionante playa de Cofete, un arenal virgen, de aspecto salvaje y de enormes dimensiones. Se trata de una extensión de 12 kilómetros de largo de arena dorada atrapada entre las olas bravas del océano Atlántico y las escarpadas montañas de la península de Jandía.
Su acceso no es fácil, lo que favorece que haya poca afluencia. La vía para llegar hasta ella es de tierra y piedras, y discurre por 8,5 kilómetros con tramos dificultosos. Eso sí, el camino merece totalmente la pena. «Transmite una sensación de naturaleza virgen e indómita, y su inmensidad la distingue de las playas más urbanizadas de las Islas Canarias», detallan desde ‘The World’s 50 Best Beaches’, que la coloca en el puesto 39.