Ni Valldemossa ni Deià: los pueblos más desconocidos de Mallorca para huir de las aglomeraciones

La isla de Mallorca es famosa por sus calas cristalinas y también por la diversidad de sus pueblos de pasado medieval y rodeados de parajes impresionantes. Pero en este viaje, además de visitar Sóller, Valledomossa o Deià, te proponemos explorar otros destinos isleños que, a pesar de estar cerca de lugares superturísticos, han logrado mantenerse fuera del radar de los viajeros. Si estas harto de las multitudes y lo que buscas para tus vacaciones es tranquilidad y rincones llenos de encanto, en todos estos pueblos no solo podrás descansar, también tendrás la oportunidad de descubrir un lado muy diferente de la isla. Y sí, aunque cueste creerlo, aún quedan lugares así en España.

Betlem, la joya escondida de Mallorca

Hay pocos lugares que la gente no conozca en Mallorca, pero todavía quedan. Como esta localidad que se encuentra en el noreste de la isla y donde te espera un auténtico paraíso de tranquilidad. Situado cerca de Artà, en este rincón desconocido y alejado de turistas podrás conectar con la esencia más pura de la isla. Su ermita, cargada de espiritualidad y rodeada de montañas y bosques, es uno de los motivos que animan a visitarlo. Por sus paisajes espectaculares, los alrededores de este pueblo son también ideales para realizar rutas de senderismo. Una de las más interesantes es la que sale de Betlem hasta este histórico templo en una caminata que va bordeando la costa con impresionantes vistas al Mediterráneo y las montañas de alrededor.

Pero además de naturaleza y paz, en Betlem encontrarás también un rico patrimonio que te trasladará a la época medieval. Sus tranquilas calles, su iglesia románica y varias calas, unas de arena y otras de roca, convierten a este destino mallorquín en el mejor tesoro de la isla.

Galilea, un destino rural de montaña

En medio de la serenidad de la Sierra de Tramuntana y a tan solo 18 kilómetros del bullicio de Palma se encuenta este pueblo de casas de piedra y belleza salvaje donde durante unas horas podrás desconectar de todo. Eso sí, para llegar hay que enfrentarse al desafío de carreteras de curvas cerradas y fuertes pendientes. Una vez ya en la tranquila Galilea te recomendamos recorrer sus estrechas calles con numerosas pendientes y dejarte llevar por el silencio que en ellas se respira.

En pleno centro, en la plaza Pius XII se encuentra la iglesia parroquial, construida en 1810 en estilo renacentista, y también un mirador desde el que disfrutar de una de las mejores panorámicas. Otros lugares de interés es el antiguo convento, la casa de nieve (antiguo almacén de hielo del siglo XVIII) y el Pozo Des Rafal (siglo XVIII). Galilea no es un lugar de grandes atracciones, pero sí es nuestro destino ideal para disfrutar sin prisas de largos paseos y del aire freco de la montaña.

La Petra mallorquina

La localidad donde nació el fraile franciscano y misionero Fray Junípero Serra es otro de los destinos más infravalorados de Mallorca. Su nombre, que nos evoca a la mítica ciudad jordana de los nabateos se debe a la piedra arenisca que define el paisaje de la zona. Entre los lugares más destacados está la iglesia gótica de Sant Pere y el convento franciscano de Sant Bernardí, del siglo XVII, con un bonito claustro. Tampoco te pierdas la Plaza de Beat Ramón Llull y la de Fra Juníper Serra, en ambas encontrarás bares y restaurantes para hacer un alto y disfrutar de la gastronomía local. Y después de pasear por sus calles empedradas y decoradas con macetas puedes acercarte hasta la ermita de Bonany que se encuentra a las afueras de la localidad.

Llucalcari, a solo 2 kilómetros de Deià

Con un nombre mucho más mallorquín que los anteriores, esta aldea cercana a Deià es también uno de los lugares más auténticos y con más encanto de la isla. Menos de veinte casas y una capilla de la Mare de Déu dels Desemparats (del siglo XVIII) dan forma a este pintoresco rincón de aguas cristalinas, rocas y baños reparadores. Uno de los lugares más populares de Llucalcari es cala Es Canyere. Para llegar aquí puedes coger un sendero que sale cerca de la capilla y que, atravesando un pinar, conduce hasta una pequeña playa de rocas y piedras considerada un spa natural por sus barros arcillosos al que muchos atribuyen propiedades terapéuticas.