Gante, la ciudad flamenca que compite con la soñada Brujas

Durante años, Brujas se llevó todas las miradas. Canales impecables, fachadas de cuento y esa sensación de estar caminando dentro de una postal medieval perfectamente conservada llevan enamorando a todo el que la visita muchísimo tiempo. Pero a apenas media hora en tren, Gante ofrece el mismo patrimonio histórico y una buena dosis de encanto con algo más difícil de encontrar en lugares tan reconocidos dentro del turismo: vida real, un ingrediente que parece sencillo, pero que hoy se ha vuelto complicado de encontrar.

Primera impresión

Al igual que ocurre con las personas, la primera impresión suele marcar la relación con la ciudad. Aquí Gante juega con ventaja, sobre todo si tu primera parada es la orilla Lys al caer la tarde, cuando las fachadas escalonadas del Graslei y el Korenle se reflejan en el agua y regalan una de las imágenes más bonitas e idílicas de la ciudad, una de las que puede competir con las más virales de Brujas sin despeinarse.

El castillo de los Condes de Flandes, una fortaleza del siglo XII en pleno centro, recuerda el poder que tuvo la ciudad en la Edad Media, cuando fue una de las más ricas de Europa. Su visita es muy interesante ya que ayuda a entender cómo era la vida en su época y también sorprenderse con las diferentes vidas que ha tenido a lo largo de la historia hasta terminar acogiendo un Museo de la Tortura, entre otros espacios.

La ruta continúa hasta la imponente Catedral de San Bavón, donde se conserva una de las grandes joyas del arte europeo: el Cordero Místico de los hermanos Van Eyck. Solo por esta obra maestra ya merecería el viaje.

Una ciudad pensada para caminar

Pero lo que realmente marca la diferencia es cómo se vive el centro histórico. Gante ha aplicado una de las políticas de peatonalización más ambiciosas de Europa. Gran parte del casco antiguo es zona libre de coches, lo que transforma por completo la experiencia del visitante logrando que sea más cómodo, relajante y placentero cualquier paseo por el centro.

El toque universitario es lo que termina de marcar la diferencia y lo que añade un extra divertido y animado al ambiente de la ciudad. A diferencia de Brujas, que parece apagarse cuando los turistas ponen rumbo a su siguiente destino, aquí los estudiantes animan las calles y llenan las plazas. Un ambiente más desenfadado que atrapa al visitante y que también llena la actividad cultural con un mayor número de galerías, locales de diseño, festivales y tiendas que van más allá del típico souvenir.

En el callejón Werregarenstraat, es un buen ejemplo de esta unión entre un público joven y un ambiente medieval, el street art convive con edificios medievales sin que el contraste resulte forzado. Esa mezcla de pasado y presente es parte de su encanto y resume parte de la esencia de Gante.